Colección G: pensar la literatura desde la promiscuidad

Por Lorena Sánchez; Cuba contemporánea. 12 Mayo 2015
Portada libro 2 Legna

No. La literatura cubana contemporánea no es solo aquella que publican las casas editoriales en la Isla. La literatura cubana contemporánea no es ni tan siquiera la que comercializan grandes monstruos como Alfaguara, Tusquets, Planeta y Anagrama. Ello es apenas una pequeña parte de todo cuanto se produce, de todo cuanto se consume. Una vez piense así, podrá entender entonces lo que viene a continuación.

Imagine un sello editorial independiente en Cuba. Piense en este sello editorial como una suerte de oasis, un resquicio por el cual pasan varios escritores -algunos conocidos en el país, otros no tanto- que se alejan del canon, de lo simbólicamente establecido como literatura cubana. Entienda que para existir este sello editorial debe sortear obstáculos, estar al amparo de otras instituciones como el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, en colaboración con Ediciones Cajachina. Que entre sus múltiples propósitos está el de visibilizar ciertas zonas, ciertos textos que son del agrado -en este caso- de un editor en particular. Un editor a quien le gusta intervenir, armar publicaciones y romper con la precariedad del libro en la Isla.

Eso es Colección G. O quizás un poco más: un sello editorial con apenas un año de existencia que parte de un criterio no ecuménico para privilegiar una estética determinada. Es, desde el punto de vista comercial, un proyecto riguroso que se monta en los estándares internacionales de distribución. Es pensar la literatura desde otra tesitura, desde otra dimensión.

Armar la colección -según cuenta Gilberto Padilla Cárdenas, su editor- tardó apenas 15 minutos. El staff, integrado además por dos de los mejores diseñadores editoriales del país, Eric Silva y Michele Miyares Hollands, desde el pragmatismo de la profesión, tenía bien delimitadas sus intenciones.

“La idea es romper con este sentido medio parroquial de las editoriales cubanas -dice Padilla-, pues si revisamos sus catálogos a veces nos queda la sensación de que son un supermercado mal organizado y que funcionan como una suerte de Arca de Noé, con escritores que tienen un estatus, premios nacionales en su mayoría, con ciertos privilegios, quienes llegan a estas editoriales a resguardarse de todo cuanto acontece en el contexto de la literatura fuera de Cuba”.

No obstante, para el también filólogo y ensayista, en términos internacionales existe un desconocimiento profundo de cuanto se escribe en nuestro país. Incluso, “se tiende a confundir la literatura insular con este invento hecho por Tusquets o Anagrama”.

La noción del editorialismo, que en el mundo marca las grandes revistas y publicaciones del campo cultural, está presente en la colección, en tanto Padilla focaliza determinados textos que eluden lo que él suele llamar el Cuba appeal o esa condición peculiar de los escritores en la Isla de aprovecharse del capital simbólico que tiene la literatura cubana en el extranjero, condición por demás obsoleta, con cierto rechazo, sobre todo en países como España.

En ese sentido, Padilla quería buscar autores con cierto reconocimiento internacional, cuyas maneras de narrar declinaran el “insularismo psicológico, esa maldita circunstancia del agua por todas partes o ese sentimiento de lontananza del cual hablaba Lezama”.

Los cinco de la tribu o la franquicia de una colección

En abril de 2014 los lectores cubanos -aquellos que tuvieron la oportunidad de enterarse- asistieron a la presentación de un nuevo volumen del escritor habanero Jorge Enrique Lage en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC. La autopista: The movie aparecía por primera vez en el contexto cubano bajo el rótulo de la Colección G, como si se tratara de una ceremonia de iniciación.

Banner (con logo de Colección G.)

En esta ocasión los amantes de Lage descubrían una novela relacional, donde se narraban los desmanes de Roberto Goizueta, el químico cubano que fuese presidente de la Coca-Cola; la historia de Spencer Elder, el niño desnudo que apareciera en la portada de Nevermind, segundo álbum de estudio de la banda norteamericana Nirvana; el entrenamiento diario de un grupo de peloteros en la Base Naval de Guantánamo, entre otras subtramas.

“A nivel conceptual la novela era fantástica”, comenta Padilla, “porque rompía con aquella metáfora de la Isla que había disciplinado nuestra narrativa durante los últimos 20 años. En rigor, La autopista… es un no lugar, una zona de transición, la cual no aporta identidad, ni sentimiento de pertenencia. Nociones como estas me interesaban para abrir la colección”.

Poco tiempo después este sello editorial iniciaba el camino hacia otra línea promocional: el mercado europeo. Con Malditos bastardos, segundo texto de la colección, Padilla buscaba no solo posicionar la literatura cubana contemporánea en el extranjero, sino además la representatividad de otros autores. Un texto que fuera recomendado por la Revista Quimera, en España, y mencionado por el crítico español Ignacio Echevarría en el suplemento El Cultural del diario El Mundo.

“No se trata de una antología de la Generación Cero, un concepto que me parece fascinante en un contexto como el nuestro donde no existen taxonomías críticas, sino que más bien utilizo el término (de)generación para estos diez narradores; o sea, el residuo, lo que va quedando, porque no todos los escritores de una generación perduran. En resumen, Malditos bastardos es un libro heterogéneo en cuanto a estéticas y temáticas de los relatos, con cierta diversidad sexual, geográfica e ideológica”, señala.

Pero durante este año Colección G se ha nutrido de una suerte de catálogo con autores cubanos contemporáneos muy puntuales entre los que figuran Ahmel Echeverría, Jorge Enrique Lage, Legna Rodríguez, Osdany Morales y Erick J. Mota.

“He rastreado en la obra de estos narradores, textos que pueden funcionar internacionalmente”, indica Padilla. De esta manera, a la franquicia de la colección se une No sabe/No contesta, libro de cuentos de la escritora camagüeyana Legna Rodríguez, próximo a publicarse tanto en Cuba como en España, una suerte de homenaje a autores como Charles Bukowski y César Vallejo.

“Legna es medio (de)generada con el tema de los textos -sostiene Padilla-, escribe en un territorio muy extraño y a veces pone a prueba la paciencia del lector. Por eso, desde el punto de vista editorial quería crear una dimensión paralela a la lectura, donde el libro de Legna está lleno de caligramas, figuritas que a nivel textual y visual funcionan”.

De Ahmel Echeverría, Colección G llevará más adelante al campo literario español Días de entrenamiento, volumen que ganara el Premio Franz Kafka de Novelas de Gaveta, publicada por FRA en la República Checa en 2012. Mientras, Osdany Morales, radicado en Nueva York, llega a nuestro contexto con Too Much Information, donde se aúnan dos noveletas (Zeta y Graneros soleados), formato poco explorado en la literatura cubana. Erick J. Mota, por su parte, regresa con su novela Habana Underguater, con la cual obtuvo el Premio TauZero de Novela Corta de Fantasía y Ciencia Ficción en 2008.

En tanto, Gilberto Padilla indaga en la literatura de Jorge Enrique Lage y selecciona relatos -algunos inéditos, otros que aparecieron en fragmentos de novelas- en que el escritor habanero fantasea con un prototipo de mujer específico, mujeres made in Lage, según Padilla. “Será un libro armado editorialmente, que pienso titular Topless. Antología de mujeres extrañas”.

Aunque son estos cinco narradores quienes integran el catálogo, a Gilberto Padilla le interesa explorar otros géneros: “Estoy preparando una antología de ensayos cuyo título será Vacas locas y funcionará como partenaire de Malditos bastardos, pues se trata de diez ensayistas que no tienen el encanto de ser vacas sagradas. Además, quisiera hacer algo con la poesía, armar libros mayores, de más alcance. Pero estos son solo proyectos”.

Visualidad y artes plásticas: literatura desde otra dimensión

Hay en Colección G un elemento añadido: la ruptura del libro cubano como folleto, la visualidad, su factura, el diseño gráfico. “En sentido general -explica Padilla- la literatura cubana se piensa de un modo unidireccional y me molestaba que las editoriales cubanas no tuvieran en cuenta estos elementos a la hora de gestar un texto. Razón por la cual incluí artistas plásticos cubanos y contemporáneos en el diseño de esta colección, para traer al contexto de la literatura insular un poco de promiscuidad entre las artes”.

Así, en Malditos bastardos, por ejemplo, el lector podrá encontrar en contraportada la pieza Pelotón, del artista espirituano Adonis Flores, con la intención -según Padilla- de representar la imagen de la literatura cubana que también es bélica y a quien se le unen, como parte del catálogo de la colección, Jorge Otero, Glenda León, Rocío García y Mabel Poblet.

Desde el punto de vista del diseño gráfico, la portada de los libros es tipográfica, incluyendo, además, una frase que de alguna manera alude al contenido del volumen: “Ha sido muy simpático, porque ello ha creado una suerte de confusión con el título de los textos, lo cual denota que en nuestro país faltan conocimientos sobre la arquitectura de la información”.

A nivel editorial la colección roza las 120 páginas, imitando el viejo formato de Anagrama, con el propósito de hacer un libro manuable para el lector, y las notas editoriales se dan el lujo de ser efectistas, sarcásticas, extremadamente bien escritas. Detalles que, de un modo u otro, se deben tener en cuenta a la hora de gestar un libro en la actualidad.

“Leer es un placer difícil -concluye Padilla-, un acto espacial. Por ello debemos buscar estrategias, pensar en cómo insertarnos en el mercado y marcar la diferencia”.

portada

LIBROS DESHUESADOS – TRASH BOOKS

pedro juan G

Es un término inventado por mi amigo Enrique Vila Matas: Libros deshuesados. Dice que eso es lo que quieren ahora muchos editores españoles. Libros fáciles de digerir «porque hay que vender». Libros que no obliguen al lector a pensar ni a poner en función su imaginación. Bueno, lo cierto es que cada año -en América del Norte y Europa-  se venden menos libros en papel y un poquito más en digital. Esto último facilita el pirateo. No se sabe qué pasará dentro de unos años. La inmensa mayoría de los españoles no lee libros. Les basta con el fútbol. Hay encuestas y cifras. Y algo peor aún: en las encuestas los que no leen dicen tranquilamente: «No me interesa leer». Y ya. Así de simple. Mucho se ha escrito sobre el tema. Vivimos en una época muy visual. Mucha TV, cine, fotografía, y sobre todo internet, que nos acostumbra a leer textos breves. Con este panorama, es lógico suponer que el libro y la lectura estén en peligro. Y que dentro de un tiempo -nadie sabe cuánto- poquísimas personas serán capaces de concentrarse lo suficiente para leer y disfrutar un libro de 300 páginas.  Esto puede traer consecuencias graves en las posibilidades de desarrollar criterios propios. La lectura es esencial para desarrollar nuestra imaginación, y para tener open-mind y ser más invulnerables y autosuficientes intelectualmente. Y menos manipulables.

No obstante, a pesar de todo lo escrito arriba, para mi gusto el panorama editorial español sigue siendo intenso, muy diverso y vertiginoso. Se edita tanto y tan variado que es imposible estar al día. Es cierto que hay una avalancha creciente de libros-basura que se venden mucho. Algunos, incluso, pasan enseguida a convertirse en telenovelas. Es decir, que son perfectos en su idiotez. Más perfección imposible. Hay de todo. Desde esos libros deshuesados -prefiero llamarlos trash books- hasta traducciones impecables de los más exquisitos escritores de todo el mundo. Es un privilegio. No es así en el mundo anglosajón donde se regodean en mirarse el ombligo todo el tiempo. Por ejemplo, recuerdo que Farrar Straus and Giroux, de New York, publicó la edición en inglés de Trilogía sucia de La Habana en enero de 2001. Unos meses antes me enviaron a La Habana el grueso catálogo de ese año. Cuando digo grueso catálogo quiero decir que el catálogo era todo un libro de 400 páginas o más. Pues bien, de esos cientos de libros  casi todos eran anglosajones. Sólo había tres latinos: Un libro de Carlos Fuentes, uno de Elena Poniatowska y el mío.

Así que en España tenemos de todo, incluidas cosas simpáticas. En un stand de una pequeña -casi micro- feria de libros en Canarias, encuentro este libro: Diez narradores cubanos que no son Pedro Juan Gutiérrez ni...etc. Es una colección de cuentos de jóvenes cubanos nacidos en la década de 1970. He leído algunos de sus textos pero no voy a opinar porque no me asienta el papel de profesor, mucho menos el de crítico. No voy a decir si son convincentes o dejan indiferente al lector. Lo que sí es decisivo es que algunos se atreven a escribir  y se ponen socarrones y provocativos, como debe ser. Nadie debe escribir para complacer. Hay que molestar, pinchar, incordiar, sacar de sus casillas al lector y ponerlo a prueba. El pecado capital de un escritor es ser complaciente.

Estos jóvenes se arriesgan, toman el pulso al tiempo y al espacio que les ha tocado. Ya eso es suficiente. «Contar buenas historias. Esa es la única responsabilidad del escritor», decía Raymond Carver.

pjg y david