El tomo IV de la Bitácora de cine cubano se presentará en diciembre en Cuba y España

ANTECEDENTES DEL PROYECTO

Dentro de la Colección 23y12, ediciones Hurón Azul consolida su alianza con la Cinemateca de Cuba con la aparición del libro “El cartel cubano llama dos veces”, coeditada por  la  Agencia  Española  de  Cooperación  Internacional  para  el  Desarrollo  AECID  del Ministerio   de  Asuntos   Exteriores   y   Cooperación.  Este   libro   es   un   compendio  de   la cartelística  cubana  desde  1915  hasta  nuestros  días.  Medios  tan  relevantes  como  El  País celebraron su llegada afirmando que: “Más allá de lo que se muestra en las pantallas, una parte de la historia del cine de cada país se puede contar también a través de los carteles que   promocionan   sus   películas.   Un   lugar   donde  tradicionalmente   se   ha   mimado   la elaboración de afiches para filmes es Cuba, como demuestra el libro El cartel cubano llama dos veces, de Ediciones La Palma, en colaboración con la Cinemateca de Cuba y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.”

Durante la 77 Feria del Libro de Madrid, Ediciones Hurón Azul, con el apoyo el Ministerio de Cultura de España, La Filmoteca Canaria, y también la AECID, presentó los 3 primeros tomos de la “Bitácora del cine cubano”, un compendio de todo el patrimonio cinematográfico de creación nacional en 5 tomos. Estos  volúmenes  constituyen  la  única  referencia  de  su  tipo  sobre  la  producción  fílmica cubana, desde el cine silente en 1897 hasta la producida por el ICAIC desde su constitución en 1959 hasta el año 2018

EL CINE CUBANO Y LA CINEMATECA DE CUBA

La Cinemateca de Cuba, en años recientes, comenzó a vivir un anhelado programa de restauración y digitalización de toda la producción, cumpliendo así su primer objetivo: preservar la memoria; para cumplimentar inmediatamente su segundo objetivo: el educativo, el de difundir esa memoria, para el enriquecimiento de todos. La «Bitácora» es parte esencial en el logro de este propósito.

Aquí se reúne la información recuperada de la producción cinematográfica cubana, incluyendo la información complementaria sobre la parte que, hasta el presente, siempre ha faltado: las películas no pertenecientes al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) como empresa señera. Es una contradicción que solamente explican las circunstancias en que ha trabajado la Cinemateca de Cuba, creada, regida y mantenida por el aparato central de la producción audiovisual cubana durante más de medio siglo

LA BITÁCORA DEL CINE CUBANO

Esta «Bitácora» detalla lo hecho antes del surgimiento del ICAIC en 1959, y  lo posterior producido desde el nacimiento de esta peculiar institución que ya en su nombre de bautizo lleva intrínseca la unión de su propósito más preciado, léase: Instituto cubano del ARTE e INDUSTRIA cinematográficos. Aquí están detalladas y acompañadas de toda la imaginaría de  cada época, todas sus películas, agrupadas por períodos y categorías para conocer el talento aplicado al cine y suscreadores.

La producción silente aparece gracias a la indagación en viejos documentos y en la prensa periódica; de la misma manera que el cine parlante, todo ello forma parte del Tomo I «La República», piezas previas a la constitución del ICAIC. A los efectos de la cultura cinematográfica ese período tiene gran importancia como herencia de la cultura cinematográfica de todo lo que se produjo después. Los siguientes tomos, son el Tomo II: «Largometrajes de ficción y animados»; el Tomo III, que asume la primera parte de la documentalística insular, con la característica de que allí está, por ejemplo, el Noticiero ICAIC Latinoamericano en sus 1.490 ediciones categorizado por la UNESCO como Memoria del Mundo; y el Tomo IV, que contiene la otra parte de los documentales nacionales, que es el único tomo en proceso de edición.

EL TOMO IV DE LA BITÁCORA

Compilar la vasta producción de cine documental del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), desde su propia fundación el 24 marzo de 1959 hasta el año 2017 es la razón de ser de este cuarto y penúltimo tomo.

Los primeros títulos producidos en esta categoría con un carácter marcadamente didáctico- informativo para promover los logros y conquistas de la naciente Revolución, pronto ceden su paso a otros de mayor elaboración formal y una atinada conjunción de lo político y lo popular, reveladores de un conjunto de cineastas —formados sobre la marcha ante la inexistencia de una escuela de cine—, que llaman la atención desde que comienzan a participar en certámenes internacionales.

Elizabeth aún juega a las muñecas, la nueva novela de María Matienzo abre la Colección Mujeres de nieve

ELIZABETH AÚN JUEGA A LAS MUÑECAS

María Matienzo (La Habana, 1979). Narradora y periodista cubana. Su relato Alamar, te amo dio título global a la antología erótica escrita por 14 narradoras cubanas en 2017. Ahora, su novela Elizabeth aún juega a las muñecas inaugura la Colección Mujeres de nieve, una ficción en la que, según Adriana Sosa, responsable de su edición: una muñeca, una mujer busca a su esposo desaparecido casi por arte de magia en un edificio de apartamentos que cobra vida al interconectar disímiles personajes e historias. Una trama atemporal que con una única referencia a Alamar, barrio habanero, podemos situar en Cuba. ¿Elizabeth aún juega a las muñecas, es pura ficción o es otra foto hiperrealista de La Habana? Como se quiera leer, porque con esa “difícil sencillez” como diría Sarduy, nos entrega María Matienzo, una novela atravesada por el caos social de nuestros tiempos que nos hace reír con sarcasmo o temer por nuestra seguridad al estar en medio de una pesadilla esquizofrénica.

Fuera de toda etiqueta de género, esta novela entremezcla lo grotesco, lo erótico; lo testimonial y lo detectivesco, la violencia real y la simbólica en un contexto donde los personajes, a los que se les borró la caracterización sicológica a propósito, parecen estar atrapados en su propio mundo asfixiante y decadente pero, por alguna razón, invulnerable al cambio. Con un lenguaje que va desde la imagen poética hasta la burda conversación de un chat, Matienzo demuestra su capacidad para burlar la ciudad letrada, el status quo, la cosa en sí, mutando ella misma en novelista sin dejar de jugar a las muñecas.

Elizabeth aún juega a las muñecas, cuya presentación está prevista para octubre, incluirá un prólogo del escritor cubano Amir Valle.

Un último brindis por el escritor Pepe Fajardo

Cuando murió Pepe, en 2016, replicamos el bello artículo que Luis Leonel León escribió sobre Pepe. Ahora, bastante después, hemos encontrado otro de su amigo Ernesto Santana que reproducimos a continuación.

Cuando muere un viejo amigo muchas preguntas quedan sin respuesta. Regresan recuerdos que parecían perdidos y aparecen preguntas que solo podría responder el que se ha ido. Interrogantes que acentúan el sentimiento de pérdida personal y que se quedarán sin respuesta para siempre.

Cuando supe que había muerto Pepe Fajardo, me di cuenta de que en los últimos veinte años no lo vi más de cinco veces. Es frecuente que el insilio separe más que el exilio. Otros amigos tampoco lo habían visto mucho más. Lo que sí parece seguro es que ya no escribía.

José Ramón Fajardo (1957) fue escritor de obra escasa. Publicó Nosotros vivimos en el submarino amarillo, una colección de cuentos merecedora de un premio David a mitad de los años ochenta y que tocaba la vida adolescente en las escuelas en el campo.

Colaboró en la antología de relatos sobre el Sida Toda esa gente solitaria y algunos cuentos de su cuaderno han aparecido en recopilaciones como la que hicieron en 2005 Raúl Aguiar y Yoss, Escritos con guitarra , cuentos cubanos sobre el rock.

A mediados de los noventa me dejó leer unos pocos cuentos que había escrito sin prisa y sin la urgencia de que otros los leyeran, como si no le interesaran mucho. Acaso, por el contrario, tenían mucha significación aunque no lo dejara notar, tal vez por su elegante evasión de la queja.

Nunca volví a ver otro escrito suyo. No recuerdo casi nada de aquellos cuentos leídos en unas pocas horas de alcohol. Lo que nunca olvido es que, cuando me pidió una opinión, le dije que aquellas páginas parecían escritas por alguien justo antes de suicidarse y se irritó mucho, para sorpresa mía, pues habíamos sido amigos muy cercanos desde 1979.

No dije aquello creyendo que pensara darse fin, pero su reacción me llamó la atención. Si bien no mostraba esa dosis de loco coraje necesaria para hacerlo, Pepe era una persona profundamente sufrida, en esencia un solitario sin cura, aun cuando buscara la cercanía de alguien. Su única fiel compañía fue la callada desesperación que a veces se adivinaba en el fondo de sus boyunos ojos miopes o en alguna de sus acotaciones al margen de la vida.

Ni siquiera quería ser un escritor conocido y respetado, a pesar de haber ganado antes de los treinta años, con lo primero que escribió

Sin embargo, esa no era su esencia cuando lo conocí. Entonces todavía no escribía, pero era evidente que terminaría haciéndolo, porque, aunque se graduó como profesor de historia, la literatura lo obsesionaba. Por ese entonces daba la impresión de haberlo leído todo y, además, de recordarlo como si lo hubiera vivido. De hecho, tuvo la suerte de una existencia bastante aliviada de carencias y no conoció la dura lucha por sobrevivir. Pero nunca fue feliz, a pesar de que no lo tentaban grandes ambiciones y de que solía ser un mayúsculo jodedor.

Ni siquiera quería ser un escritor conocido y respetado, a pesar de haber ganado antes de los treinta años, con lo primero que escribió, un premio que abría puertas y que para cualquier principiante hubiese resultado un gran estímulo.

Los cuentos de Nosotros vivimos en un submarino amarillo son juveniles, deseosos, con aquella excelente prosa suya que nació hecha y su ilación minuciosa y sutil. Luego vino la oscuridad, lenta e impregnante. No sé si aquellos bien guardados cuentos que leí mucho después fueron el nadir de esa penumbra. Si no escribió más no fue porque no tuviera nada que decir. Una de sus frases preferidas era un verso de Jim Morrison: “Quiero escuchar el grito de la mariposa”.

En su vieja casa de La Víbora vi por primera vez un cuadro original de Antonia Eiriz. Después, en mi recuerdo, aquellos cuentos pertenecen al mundo grotesco de esa pintora. El juvenil y confiado submarino amarillo naufragó en un légamo abisal, espeso, impenetrable, que hacía casi imposible desvelar los detalles del desastre. Pepe Fajardo redactó algunas notas, aquellos cuentos, pero no podía avanzar en tamaña densidad.

Así lo veo ahora, con la parcialidad y la imprecisión que imponen las circunstancias y la historia del país en las últimas tres décadas. En los primeros ochenta, pasábamos mucho tiempo con Ramón Fernández-Larrea, su mejor amigo -que estaba marcando la época con sus versos-, intercambiando libros y escritos. Llegó la perestroika. Creímos que caería el telón de nuestra brutal farsa nacional. Lo que cayó fue el mayor agujero negro en la cronología cubana. Ramón se marchó del país. Pepe y yo nos veíamos muy poco ya, cada uno en su deriva.

Pese a todo, Pepe Fajardo hizo siempre una vida relativamente ordenada. Trabajó durante casi cuarenta años como instructor en talleres literarios. Era una labor para vivir, pero él se sentía a gusto y lo hacía bien, incluso en los años en que ningún sueldo servía para nada. Era también una especie de máscara, una coartada para demostrarse a sí mismo que existía.

En casa lo aguardaban unas gafas más importantes que sus gruesos espejuelos de cegato. Solo con alcohol podía ver el cada día, como Malcolm Lowry. Sin embargo, aunque no escribiera mucho, seguía siendo el mayor devorador profesional de bibliotecas que he conocido. En la de la Fundación Carpentier, muy buena, era difícil hallar un libro en cuya tarjeta no apareciera su firma de lector.

Fanático del béisbol, y en primer lugar de Industriales, se alegraba como un niño con cualquier victoria del equipo azul, aunque recuerdo que hacía tiempo, ante la decadencia de ese deporte, ya no se ilusionaba tanto con las temporadas, aunque no dejara de merendarse cuanto libraco encontrara sobre el tema y, seguro, de ver algún juego en la televisión.

Hace poco supe que, increíblemente, había visitado a Ramón en Miami, en un viaje que hizo para ver a un familiar en Estados Unidos. Por supuesto, estaba lejos de aquel Pepe de los ochenta. Era un tipo nervioso, raro, difícil, ansioso de su madriguera. Con la noticia de su mortal ataque cardíaco supe que llevaba un tiempo enfermo. Alguien me dijo incluso que fue un final esperable.

Es triste comprobar lo poco que puede decir cualquier palabrería en estos casos. Pero hace años alguien me enseñó un antiguo brindis inglés que a veces he usado en broma, y que sé que a Pepe Fajardo le hubiera causado una media sonrisa cínica, y le hubiera gustado, como buen jodedor que era: “Brindemos por nosotros y por todos los que son como nosotros, que son pocos y están casi todos muertos”.

Paz para tu alma, por fin, querido amigo.

https://www.14ymedio.com/nacional/ultimo-brindis-escritor-Pepe-Fajardo_0_2128587122.html

 

Detrás de los pasos del hurón azul

El hurón (Mustela putorius furo) es una subespecie del turón. Fue domesticado hace al menos dos mil quinientos años para cazar conejos. Mide unos 50 cm y pesa entre 0,7 y 2 kg. Son la tercera mascota más frecuente en Estados Unidos después de los perros y gatos. En España requieren tener obligatoriamente pasaporte con chip y vacunas en regla. 

En Cuba se introdujo una variante de la mangosta pequeña asiática con el objetivo de controlar las plagas de ratas, el resultado no fue el esperado: no solo no se redujo la población de roedores, sino que se produjeron cruces entre ambas especies que finalmente condujeron al llamado hurón cubano.

Los hurones poseen una gran variedad de tonalidades, los hay albinos, negros, color champán, chocolate, canela, blancos con ojos negros, plateados o tricolor, pero no azules. Aunque hay un “síndrome del hurón azul”, poco estudiado, que se da si el pelo se corta o se cae en la interfase de crecimiento. La piel del hurón toma un color azulado, pero tras 2-4 semanas el color de la piel se normaliza sin ningún tipo de tratamiento.

Una veterinaria en Lima y una paladar en Cuba llevan el nombre de Hurón Azul. Y un programa de la Televisión Cubana también. Si quieres ponerte unos guantes Hurón (azul), están disponibles en bitethebait.es. En Amazon venden una jaula azul para hurones ¿azules?

Pero el origen del nombre de Hurón Azul viene del pintor cubano Carlos Enríquez, quien bautizara así su casa. Cuentan que se debe a un hurón que le regaló un artista amigo y Enríquez tiñó de azul de metileno para que armonizara con el color de las puertas y ventanas de la vivienda que hoy es un museo

Hurón Azul es el nombre del bar de la UNEAC en el Vedado habanero, uno de los sitios que más visitó Nacho Rodríguez, el director de este proyecto editorial, durante sus ratos libres en La Habana para reunirse con los amigos. En recuerdo a aquellos años bohemios surge el nombre de Ediciones Hurón Azul. 

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