“La noche”, primero de los relatos carcelarios ilustrados

LA NOCHE, por Daviel Prieto Olay  

Taller Literario “Tras las rejas del poeta”

Ilustraciones de Luis Trápaga

Ambos somos locos. Eminentemente locos. Él tiene una cicatriz en el rostro. Hace mucho tiempo, cuando en una riña del pasillo, le arrebató la chaveta al flaco de la esquina. Mi rara marca en la parte izquierda del pecho viene de una calentura, con mi prima del campo durante mi adolescencia.

No puedo decir que tenemos dulce el alma ni la mente, algo horrible que nos aleja un tanto de la belleza. Tanto los suyos como los míos son ojos llenos de
rabia y resignación enfrentados a la situación del entorno. Eso nos ha unido por largos años de encierro. Quizás por el desprecio que sentimos el uno al otro por nosotros mismos.

Nos conocimos una mañana en el patio solar, mientras hacíamos ejercicios para avivar el cuerpo y moretear un poco la piel. Nos examinamos sin gracia, pero con rara curiosidad; allí nos dimos la primera ojeada, nuestras respectivas miradas de complicidad.

En las celdas todos estaban de a seis. Otras eran de nueve y las más grandes para treinta y seis reclusos. Las literas de tres camas de hierro parecían un vaivén sobre el piso de granito toda la noche. Eran auténticas parejas de viejos presidiarios que se amaban como locos, entre la angustia, el amor y el desamor tras las rejas; esposos, novios, amantes, transgresores de la ley. Atados de la mano a la deriva del tiempo. Solo Ángel y yo teníamos las manos sueltas, crispadas a la cintura sin soltarnos.

Nos miramos con detenimiento, con solvencia, sin reparo. Recorrí la hendidura de sus pompas con el enorme desparpajo que daba mi símbolo lingual desaparecido en sus adentros. Él, sonrojado, mugía como gata en celo.

– Me gustó que fuera dura- dijo. Has inspeccionado mis entrañas cual hojarasca en bosque ajeno. Me gusta tu barba, cómplice de subversiones policiales.

Llegada la hora entramos donde más queríamos. Él se retorcía a los bombardeos continuos de mi bomba presidiaria.

A la mañana siguiente nos sentamos en mesas distintas. Las aulas del Combinado del Este eran destinadas a los más jóvenes. Para sopesar la situación aprobaron que los de más años se unieran a nosotros como ejemplo de perseverancia. Un viejo sentado al lado de un joven. Solo eso nos separaba un par de horas al día dos veces por semana. Él no podía mirarme. Le daba celos verme sentado con otro, pero yo, aun en la penumbra del local y la oscuridad del día lluvioso rozaba de reojo su negra cabellera encrespada, su oreja colorada ante la mirada penetrante de su amado. Era la mirada de su lado virginal.

Durante dos horas admiramos las respectivas bellezas de cada uno, a pesar de la distancia prudencial. Un guardia, vestido totalmente de verde, uniforme ajustado y bastón enarbolado descubrió como espantajo la complicidad del entorno.

– Oye, tú, interno. Póngase de pie. ¿Cuál es su insistente mirar al interno de la fila dos?

– A usted le importa, o quiere que lo mire a usted- le dije.

Solo sentí el duro golpear de mi cabeza sobre el piso de granito. Ahora, en una cama del Hospital, la cabeza vendada y doce puntadas en el rostro. El guardia de pie frente a mi cama en espera de que me recupere para arremeter nuevamente su embestida brutalidad. El guardia se sobaba el paquete a cada instante mostrando su hombría ante un pervertido encarcelado.

– Yo te voy a dar miradas furtivas a los demás, cabrón. No te imaginas lo que te espera. Un 47 es poco para maricones como tú.

– ¿Qué cojones voy a hacer yo en el 47? Ahí debes ir tú por abusador. Te luces porque estás vestido de verde, pero deja que salga y te coja en la calle, cabronzón de pacotilla. Tú vas a saber lo que es dar bastonazos a un indefenso. Lo que tienes es envidia porque no eres capaz de admirar lo bello como nosotros, que, aun perdiendo la libertad, no perdemos el gusto y el amor.

– Cállate.

– Oyeeee

– Que te calles he dicho.

– Ja, ja, ja. Yo gozo con tu sufrimiento. Estás loco por cogerme el tolete y no tienes más que conformarte con el bastoncito negro ese en la mano. Ja ja ja ja ja ja ja. Rinoceronte con cabeza, so´a podrío. ja ja ja ja ja ja ja

El guardiecito se abalanzó sobre la cama y me arrancó de un solo tajo parte de la venda. La herida comenzó a sangrar como si fuera hecha en el momento.

Una enfermera chaparrita corrió a socorrerme. –¡Firme, soldado! Salga inmediatamente de la sala. ¡Salga!

– Pártelo en dos, enfermera. Pártesela. Sin tener piedad, que él no la tuvo conmigo.

– Me pregunto qué suerte habrías corrido si y no estuviera de guardia hoy en la sala. Normalmente la jefa de turno, que le tocaba hoy, es su novia, pero es tan perra como él. No se dan tiempo ni para ellos mismos.

– Ah, ahora entiendo su carácter lacónico y pervertido.

– Ya estás de alta, Rodrigo. Puedes regresar a tu Destacamento. Llamaré a un guardia para que te conduzca. Yo les acompañaré. Aquí están las instrucciones del médico. Debes seguirla al pie de la letra.

La esperé a la salida del hospital. Caminé unos metros junto a ella y el guardia de conduce. Cuando llegamos al edificio 2 ella se detuvo y me miró. Tuve la impresión de que me vacilaba. La invité a que charláramos en la enfermería, y aceptó.

La sala estaba llena, pero en ese momento se desocupó una cama. A medida
que pasábamos entre los guardias y reclusos de conduce, quedaban a nuestras espaldas las rejas, las miradas y comentarios de chismes.

Mis antenas de seguridad biológica están adiestradas para captar la curiosidad enfermiza de guardias y presos, ese bruto sadismo que llevan en el rostro, pero mis oídos alcanzan para registrar murmullos, comentarios, risitas y falsas carrasperas. Es como para pegarle un manotazo en la cara, pero no vale la pena. Es mejor ignorarlos y el premio será más grande.

Nos sentamos al pie de la cama que me tocaba a partir de ese momento, no sé cuántos días o semanas. Nos trajeron las ropas de cama y el pijama de paciente. También, pedimos firmar el libro de entrada, si no, es como si nunca hubieras estado allí: lo mismo pueden matarte que desaparecerte sin que nadie sepa de uno. Te dan por fugado de la prisión, o apareces ultimado junto a una cerca acusado por intento de fuga. Si es que alguien vuelve a saber de ti.

— Prométame no tomarme como un loco.

— Jamás pensaría eso. ¿Y tu novio?

— Míralo al espejo que está frente a nosotros. Está a mi lado. ja ja ja ja ja ¿Lo intentas? Hay mucha posibilidad de meternos en la noche. En nuestra noche. Sí, hacerla nuestra en la total oscuridad del silencio. ¿Me entiendes?

— Eso intento. Te preguntaba por el chico de las miradas. Lo leí en tu historia clínica.

— ¡Tienes que entenderme! No es que sea mi novio, novio. Es mi amante amigo. Aquí, si no lo tienes, se te encoge el rabo y la mente, de manera que no vuelves a verlo nunca más. Son veinte años que estaré preso perdiendo toda la juventud. Tengo 22 años y ya llevo cuatro aquí. Cuando salga no tendré ni familia y nadie querrá saber de un expresidiario. Lo total oscuro de la vida. El hombre tiene que saber amar al cuerpo y la mente, si no, estamos perdidos.
Tu cuerpo es lindo, ¿no lo sabías?

Se puso roja como un tomate, y los pómulos de la mejilla se volvieron más oscuros que una manzana madura.

— Vivo solo, tengo el apartamento cerrado. Y estoy solo aquí. Mis padres se marcharon del país antes de yo caer en prisión y no he sabido más de ellos. Ni siquiera saben que estoy aquí, y no creo importarles. Si te casas conmigo me portaré bien y haré todo por salir pronto de aquí.

Mirándome a los ojos, como me gusta, me dijo.

— Nosotros no podemos tener relaciones con los reclusos. Eso está en el reglamento.

— Pero ¿Y la parte humana? Está por debajo del Reglamento.

— No, no es eso, mi santo. Yo quisiera, pero no puedo. Es como dice la canción de Los Van Van: me gustas pero no puede ser. Te ayudaré en todo lo que pueda, pero más no puedo hacer, por favor.

Hice un brusco gesto insinuando una caída al piso y, al intentar agarrarme por el brazo, tomé sus labios con los míos. Lo más dulce que he sentido en toda mi vida.

No supe más de ella. En aquel instante un guardia entraba por la puerta del frente conduciendo a otro recluso. Todos los golpes siempre van a mi cabeza. Su bastón no fue la excepción. Todavía me duele, más que el golpe, saber que la trasladaron de centro por mi causa. Mis ojos se apagan como luces en la noche. Ángel, a mi lado, cuida como un gran enfermero mis heridas. Este es el lugar más oscuro del alma.

Homenaje a Teresa María Rojas: una vida sobre las tablas

Con ocasión del lanzamiento de su último poemario (Ecos de la brevedad, Ediciones Hurón Azul, Madrid, 2020), El Nuevo Herald presenta un breve recorrido por algunas de las escenas a las que Teresa dio vida en su carrera. Puedes verlo aquí:

https://www.elnuevoherald.com/entretenimiento/teatro/article247224374.html

Entrevista a Haydée Sardiñas por… Haydee Sardiña

Portada del libro

Publicado en: Otro Lunes. Revista hispanoamericana de cultura. nº57

8 de noviembre de 2020

Nacho Rodríguez

Haydée es tan especial que prefiere entrevistarse a sí misma. Cuando le propuse hacerle una entrevista para un medio de comunicación, a tenor de su nuevo libro de relatos Fresa salvaje para siempre. Historias de amor y fastidio (Ediciones Hurón Azul, 2020) enseguida me respondió, vía mensaje de texto desde La Habana, que preferiría entrevistarse a sí misma. Adujo que ya lo había hecho, en anteriores ocasiones, y que nadie lo haría tan bien como ella misma. Claro, pensé, uno se conoce mejor a sí mismo que a los otros. Además, ya habíamos hecho otra entrevista meses atrás y había gastado mis mejores balas.

El ejercicio en cuestión parece originarse en un cuestionario estándar que encontró en algún lugar y le gustó. Hace meses le dio por responderlo. “Envíamelo entonces”, le dije, “y así salimos airosos del asunto y no tienes que molestarte en enviarme enmiendas parciales”. El problema era que el cuestionario, con las decenas de respuestas, estaba o está en su oficina, a la que hace meses no acude por la pandemia. Esa pequeña circunstancia no fue obstáculo para Haydée, ya que… Decidió entrevistarse nuevamente.

Al poco de revisar la entrevista comprobé con preocupación que había firmado su propia entrevista como Haydee Sardiña; esto es, sin la ese final que recoge el libro en lomo, portada, portadillas, colofón, etc. Esperé que fuera una hora decente en La Habana y le envié un mensaje. ¿Sardiña o Sardiñas?, pregunto. “Ponlo como esté en la portada” me responde de inmediato. ¿Y qué hay de la tilde de tu nombre?, continúo en otro mensaje, ¿también como aparezca en la portada? Su siguiente respuesta me deja estupefacto: “Sí, son detalles sin importancia”. Pues sí, esta es Haydée, Sardiñas o Sardiña. No importa. Y como no importa, además de maquetar algo el texto y ponerle un par de tildes, he tenido que completar una respuesta que estaba cortada… ¿Quién que no sea Haydée Sardiñas/ Haydee Sardiña podría darse cuenta? Son detalles sin importancia.

Ahora les presento a la autora, a partir de lo que ella escribió sobre sí misma al comenzar este 2020: “Me gradué en 1989 en Ingeniería en Control Automático en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría. Fabriqué muñecas de trapo durante el Periodo Especial, escribí guiones para programas de Radio y TV, intenté dar clases de inglés, trabajé como secretaria ejecutiva para una compañía canadiense que por algún motivo quebró, y desde hace 10 años trabajo en la Embajada Norteamericana en La Habana (o lo que queda de ella). Mis gustos literarios tienen más que ver con la forma en que está escrito algo que con la historia que cuentan. Las cosas que me gustaría hacer antes de morirme, son: escribir una obra de teatro y escribir otro guion para un telefilme (ya escribí uno). Pero no tengo apuro. Tengo dos pasiones: la literatura y enamorarme (en tercer lugar estaría la cerveza y los amigos, juntos).”

No obstante, y antes de entrar en su auto entrevista, debemos hablar del libro en cuestión. Decía Teresa Dovalpage en el prílogo (sí, escrito así) de Alamar, te amo, publicado en 2018 y en el que participaron catorce narradoras cubanas (entre ellas la propia Haydée), que “el realismo puro y duro pierde parte de su dureza, casi diría que se humedece, pasando por las manos de una mujer”. Y es que estamos, en la mayor parte de los relatos de Haydée, ante un narrador masculino escrito por una mujer.

Ponerse en el pellejo de un hombre no solo es pan comido para Haydée (por algo será), sino que, cuando lo hace, uno tiene el deseo de querer ser el hombre que ella juega a ser. Qué simples son los hombres, para que se identifiquen tan plenamente con una fantasía femenina. O qué grande es la escritora. Como siempre, Haydée nos ofrece una explicación desapegada: “No sé por qué he preferido a veces escribir desde una voz masculina. Será una manera de esconderme. No me gusta sentirme descubierta.” ¿Pero es que hay algo menos encubierto que afirmar esto?

Si bien hay relatos que están pintados con ese material que Virgilio Piñera (dicen que) llamó “costumbrismo socialista” (como el propio relato «Amor y fastidio»), donde se exacerba hasta el límite las contradicciones de un sistema patológicamente institucionalizado y que para los lectores ajenos a él podrán leerse como simple “realismo mágico”, está siempre el amor (y el erotismo) penetrando su dureza como único antídoto de salvación de la vida cotidiana, por más que este, como en el relato citado, sea también institucionalizado.

Esta selección de relatos proviene de cuatro libros de la autora. Tres de ellos editados (en Cuba). El primero de ellos, Historias de Amor y fastidio (Editorial Extramuros, 2007), fue editado por Michel Encinosa, uno de los autores compilados en Malditos bastardos (Colección G., La Palma, 2014). Ese mismo año, otra pequeña editorial antillana publicó Recortes del Paraíso (Editorial El Mar y la Montaña, 2009). La última publicación es Fosforera Bill y otros cuentos (Ediciones Loynaz, 2011). Aunque entre esa fecha y 2018 Haydée no volvió a publicar (dos de sus relatos aparecieron en la antología erótica Alamar, te amo de Ediciones La Palma), cuenta con otro libro (inédito) de relatos (o de cuentos, como mejor dicen en Cuba).

Al revisar su auto entrevista, comprendo que falta algo vital: la alusión a su propia creación. Una vez más le pido a Haydée que visite sus relatos, a tenor de la selección que hemos hecho. Le sugiero que intente tejer puentes entre la ficción narrativa y su génesis vital. “Te lo envío pronto”, contesta en un breve mensaje. Tarda unos días en responder; se lo está pensando, ya ha hablado y escrito mucho sobre lo que opina de su propia obra (esto lo digo yo). Finalmente, escribe esto: “Hay algunos relatos que prefiero por encima de los demás. De Fosforera Bill me gustan sobre todo los personajes, que están creados a partir de personas que conocí. A Lino el trompetista, la flaca y al mismo Fosforera Bill te los puedes encontrar cualquier noche haciendo sopa (música por encargo) en el malecón habanero. También los personajes negativos, los problemas con la vivienda y la precariedad económica los puedes encontrar en cualquier esquina, desafortunadamente. Pero si tuviera que elegir tres de ellos, serían: «Filosofía Poética de Marcelino Pasquale», una historia de literatura dentro de la literatura, inspirado por eventos reales (intento de suicidio, escritura y redención) y por la lectura de Roberto Bolaño; «Una botella de felicidad», por su ingenuidad y sencillez, y «Alternativas probables” inspirado, probablemente, en la lectura de Alfredo Brice Echenique hace muchos años. El relato cuenta una historia de amor entre personajes que se sobreviven en los ambientes más sórdidos, pero creo que hay ternura en la historia y música en las palabras. Creo que la depresión, la adicción a los psicofármacos y la frustración están en todos ellos, pero también, la superación, la esperanza y, a ratos, la resignación.”

Ahora pasemos, finalmente, a la auto entrevista.

¿Cuál es el primer libro que recuerdas?

La primera historia que recuerdo es «Juan Darién» de Horacio Quiroga. Me la leyó mi papá siendo chiquita y se la leí yo a mi hijo después. Creo que «Juan Darién» siembra compasión en las personas. Luego recuerdo muy vívidamente «La vida de algunos animales», de una autora rusa que era veterinaria en un zoológico de Moscú y que marcó a gran parte de mi generación, y La mujer fantasma de William Irish. Leí muchos policiacos cuando era adolescente.

¿Crees en la inspiración? ¿De dónde vienen tus ideas?

Totalmente. Creo en la inspiración y en la lectura. Los libros que lees en la adolescencia y primera juventud te enseñan casi todo lo que hay que saber para escribir. Luego, llega una frase o una idea que se te queda dado vueltas y describe una situación que estás atravesando o sentimientos que estás experimentando, y a partir de ahí todo ocurre naturalmente. Sin esa frase, (o metáfora, como diría Milan Kundera) no habría historia.

¿Cuál es una de las historias que has escrito que más te gusta? ¿Recuerdas cómo nació?

Escribí una historia de ciencia ficción hace tiempo que se titula «O». En aquel momento me había enredado en una relación sin sentido con un hombre MUY atractivo. Eso era todo lo que yo veía en él. En «O» trato de encontrar una explicación para una relación tan vacía.

¿Qué te motiva? Si es la lectura, menciona títulos.

Leer me motiva mucho. Hay libros que releo cada cierto tiempo y siempre me dan deseos de escribir. Los últimos que recuerdo son El que tiene sed, de Abelardo Castillo y cualquiera de los libros de Chuck Palahniuk. Son dos escritores muy diferentes, pero Castillo tiene música y ritmo, y Palahniuk una manera peculiar de usar el lenguaje. También está Manhattan Transfer de John Dos Passos. Es el tipo de libro que me gustaría escribir alguna vez, pero sobre la Habana.

¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

La literatura es la cosa que más disfruto. Me despierta una emoción muy diferente a otros tipos de felicidad. Nunca creí que podría ser escritora. Siempre tuve libreticas de notas, pero la escritura es algo que respeto demasiado para pensarla como posible. Sin embargo, un día, en medio de una de muchas caminatas por La Habana con unos zapatos muy incómodos, bajo un sol terrible y sin poder agarrar el transporte público, se me instaló una frase en la cabeza. La frase se convirtió en un texto de 3 o 4 páginas, que convertí en una especie de cuento. Y a mis amigos les gustó. Fue una revelación. La sensación de que alguien disfruta lo que escribes, de que se rían (porque en aquella época usaba una especie de humor negro y me interesaba mucho reírme de los problemas y de mí misma) fue algo maravilloso que descubrí y que solo comparo con la sensación de enamorarse.

¿Cuál es tu mejor recuerdo como escritora?

El día que leí mi primer cuento más o menos serio («O») en público y Raúl Aguiar me dijo que lo quería publicar.

¿Cuál es tu criptonita como escritora?

La estabilidad. Una pareja estable y un trabajo de 8 a 5 que me permita pagar las cuentas pero me robe el tiempo.

¿Alguna vez has considerado escribir bajo un pseudónimo? ¿Cuál?

Muchas veces. Me gustaría esconderme un poco sobre todo de la familia. No quisiera que leyeran lo que escribo. Además, mi nombre no es musical. Haydee Paz, por ejemplo, sería más sonoro.

Al escribir, ¿intentas sobre todo ser original o complacer a los lectores?

Ninguna de las dos cosas. Cuando tengo suerte de escribir algo, lo hago en primer lugar para mí, porque necesito hacerlo y sobre asuntos que me preocupan o me interesan.

¿Con qué otros autores mantienes amistad y de qué manera te han ayudado a ser mejor como escritora?

Raúl Aguiar, José Miguel Gómez (Yoss) y Ernesto Pérez Castillo han revisados mis textos y me han infundido confianza, que siempre me falta. A ser mejor escritora me ha ayudado leer.

¿Cómo afectó publicar tu primer libro a tu proceso de escritura?

Entonces descubrí que quería más. Implica el riesgo de empezar a escribir pensando en el público, en los concursos, en volver a publicar porque ser conocida de cierta forma, es una trampa que puede hacerte pensar en hacer cosas que no querrías hacer antes.

¿Qué hiciste con tu primer pago como escritora?

Fueron 2.000 pesos de un premio regional. No era mucho dinero y eran tiempos difíciles económicamente. Lo gasté en cosas primarias.

¿Lees las reseñas de tus libros? ¿Te afecta? ¿Cómo enfrentas eso?

Las leo, por supuesto. Me afectan mucho. Tanto como los comentarios de los amigos. Con el tiempo he aprendido a superar la ansiedad de esperar un comentario y he aprendido a confiar más. También me tomo más tiempo para compartir los textos.

¿Tienes alguna máxima o refrán que rija tu vida? ¿Cuál es?

No sé si sea una máxima en mi vida, pero termino aplicándola siempre, así que debe serlo. Es una frase de «Tauromaquia», un minicuento de Juan José Arreola: “Donde quiera que haya un duelo, estaré de parte del que cae, ya se trate de héroes o rufianes (…) porque yo también soy dos, el que pega y el que recibe las bofetadas”.

¿Tienes miedo a la página en blanco?

No vivo de la literatura. Si tuviera que escribir para vivir, una columna o en un espacio fijo en alguna revista, tendría que enfrentar esos miedos. Pero cuando uno escribe por placer, esos fantasmas no existen. Cuando no escribo, me falta algo, lamento no ser capaz de crear nada, pero he descubierto que forzar la creatividad no funciona. Se pueden producir muchas cosas de poco valor si uno se deja llevar por las ganas de tener algo que mostrar. Entonces, le voy a la contraria al refrán que dice “no tener nada que decir no es motivo para callarse». Pienso que “no tener nada que decir es el mejor motivo para callarse.” Y es lo que hago. No es que me guste, pero mientras tanto, leo y vivo. Para compensar esa frustración escribo guiones de radio y TV. Es un área que depende menos de la inspiración y que disfruto mucho también.

Madrid y octubre de 2020

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Haydée Sardiñas (La Habana, Cuba, 1966). Premio Luis Rogelio Nogueras de cuento 2006, con el cuaderno Historias de Amor y Fastidio, publicado por la editorial Extramuros, que luego recibiera el premio La Puerta de Monserrat 2008, otorgado por el Centro Provincial del Libro y la Literatura. Primer premio en el concurso de cuentos de ciencia ficción Juventud Técnica 2007, con el relato «O». Premio La llama doble 2008, con el relato «Finales felices». Premio Regino E. Boti 2008 con el cuaderno Fresa salvaje para siempre, publicado por la editorial El mar y la montaña, con el título Recortes del paraíso. Premio Paco Mir 2009 con el cuaderno En la escena del crimen (inédito). Premio Hermanos Loynaz 2010 por la obra Fosforera Bill y otros cuentos. En 2018 dos de sus relatos conformaron la antología erótica Alamar, te amo (Ediciones La Palma, Madrid).

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Lée el artículo original, en: http://otrolunes.com/57/otrolunes-conversa/entrevista-a-haydee-sardinas-por-haydee-sardina/

 

La rareza: Cuentos completos de José Lezama Lima

Índice

La rareza: cuentos completos, relatos, minicuentos y poemas narrativos de José Lezama Lima.

Cuentos clásicos

Fugados

El patio morado

Juego de las decapitaciones

Cangrejos, golondrinas

Para un final presto

Argumento para un cuento

Cuento

Poemas con valores narrativos

El guardián inicia el combate circular (Aventuras sigilosas)

Noche dichosa (La fijeza)

Censuras fabulosas (La fijeza)

La sustancia adherente (La fijeza)

Pífanos, epifanía, cabritos (La fijeza)

Peso del sabor (La fijeza)

Muerte del tiempo (La fijeza)

Procesión (La fijeza)

Tangencias (La fijeza)

Éxtasis de la sustancia destruida (La fijeza)

Cuento del tonel (La fijeza)

Invocación para desorejarse (La fijeza)

Cuentos autónomos en Paradiso

Capítulo XII

Relatos o crónicas

La mayor fineza (Tratados en La Habana)

La noche 78 (Tratados en La Habana)

Carnaval del rubio Glucinio (Analecta del reloj)

Dos familias (Fragmentos a su imán)

Bibliografía consultada

Historia en dos tiempos sale a la luz

Historia en dos tiempos (Ediciones El Drago, Madrid, 2019) es el nº9 de la Colección Cuba, misma colección que estuvo alojada en Ediciones La Palma hasta 2018. Historia en dos tiempos ha sido escrita por Eddy Fernández Llanes y editada por Jorge Carpio (Alamar, te amo).

Eddy fue periodista por más de 30 años. Fue corresponsal de guerra en varios países, entre ellos la Nicaragua Sandinista (la de verdad, la de los 90), así como cubrió diariamente los grandes y cotianos sucesos de la Revolución Cubana.

Historia en dos tiempos está compuesta por dos novelas breves: Huérfano, y Memoria urbana. La primera parte es un testimonio vivencial y ficcionado de la vida del autor en el campo cubano; mientras que la segunda consiste en episódicos intercambios vecinales relativos a la cotidianidad habanera.

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Ediciones La Palma ha publicado a 3 de los 10 autor@s cuyas obras ganaron los Premios de la Crítica Literaria en Cuba para los libros publicados en 2015

En la tarde del pasado jueves 15 de diciembre, se efectuó en La Habana la entrega del Premio de la Crítica Literaria a los 10 libros más importantes, de autores nacionales, publicados en Cuba durante el pasado año. Un jurado, integrado por 7 miembros del Círculo de la Crítica, presidido por la doctora Margarita Mateo Palmer, otorgó los premios, atendiendo, principalmente, a su calidad literaria y a su importancia, según consta en el acta enviada a los medios por el Instituto Cubano del Libro. Las obras distinguidas son:

  1. El convidado del juicio, de Antón Arrufat. Ediciones UNIÓN.
  2. Encuentros cercanos de vario tipo (ensayos sobre literaturas en diálogo), de Mayerín Bello. Editorial Letras Cubanas.
  3. El niño congelado, de Mildre Hernández. Editorial Casa de las Américas.
  4. Virgilio Piñera al borde de la ficción, de Carlos Aníbal Alonso y Pablo Argüelles Acosta. Tomos I y II. Coedición Editorial Letras Cubanas y Editorial UH.
  5. La cinta métrica, de Efraín Rodríguez Santana. Ediciones UNIÓN.
  6. Cuba en sepia, de José Antonio Michelena. Ediciones Boloña.
  7. Recreos para la burocracia, de Sigfredo Ariel. Ediciones UNIÓN.
  8. trillos/ precipicios/ concurrencias, de Alfredo Zaldívar. Ediciones Matanzas.
  9. Esperando por el sol, de Raúl Flores Iriarte. Ediciones Matanzas.
  10. La hija del reo, de Sonia Díaz Corrales. Editorial Letras Cubanas.

De estos 7 autores y 3 autoras galardonados con el Premio de la Crítica, ediciones La Palma publicó, en años precedentes, obras de 3 de ellos. Son las siguientes:

1994: Poesía cubana de los años 80. Antología. La Colección Archipiélago, dirigida por Elsa López, publicó una antología de la creación poética cubana en la década del 80, donde aparecen los poemas “Fuera de toda lógica”, “Dicen que antes yo era el humo”, “Nada”, y “Los otros”, de Sonia Díaz Corrales

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2015: Malditos bastardos. El número inaugural de Colección G., dirigido por Gilberto Padilla, presenta una decena de autores y autoras de la Generación Año Cero, entre los que se encuentra Raúl Flores, con el relato “Extras”

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2016: Cuba: memoria y desolvido. El segundo número de Colección Cuba seleccionó la obra de crónicas periodísticas de José Antonio Michelena, cuyo libro gemelo, “Cuba en sepia”, se encuentra entre los premiados de 2015

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Legna Rodríguez Iglesias presenta en Miami su libro ‘No sabe/ No contesta’

DDC | Miami | 20 de Julio de 2016

El Centro Cultural Español de Miami (CCEMiami) organiza este 22 de julio la presentación del libro de cuentos No sabe/ No contesta (Colección G, Editorial Caja China, La Habana, 2015), de Legna Rodríguez Iglesias.

No sabe/No contesta es un libro promiscuo. Esa es la marca de Legna Rodríguez Iglesias, que en vez de escribir ‘cuentos’, ‘novelas’ o ‘poemarios’, dice que no, que ‘preferiría no hacerlo’, como Bartleby, y publica libros bastardos, degenerados, y gana concursos con su depravación literaria”, señala la nota editorial.

“Sus historias son el reino del desperfecto: nada funciona, secretos atroces revientan como pólvora, el amor disfraza el despotismo o la perversión, los padres atormentan, someten o literalmente destruyen a los hijos, la atmósfera es irrespirable. Pero Legna tiene la prosa, la agilidad y la falta de escrúpulos de una infante terrible. Engalanado con las ‘desviaciones’ que ningún censo se tomaría el trabajo de registrar, No sabe/ No contesta es un libro neurótico. De hospital”, indican sobre este volumen, que también ha publicado en España la editorial La Palma, en convenio con la Caja China.

“Escribo lo que me da la gana, como me da la gana y cuando me da la gana”, confiesa la autora en una entrevista realizada por Ena Columbié en el Nuevo Herald. “Si hay un tema que no toco es porque aún no me interesa. Porque aún no he pensado en eso. Porque aún no me ha dolido. Porque estoy buscando trabajo y lo olvidé en el camino. La libertad de mi escritura es obvia y concreta. Soy libre, aunque solo sea ahí”, señala la escritora, quien reside actualmente en Miami.

Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984) es poeta y narradora. Ha colaborado en publicaciones como Amnios, El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, Hypermedia Magazine, Jai Alai Magazine y DIARIO DE CUBA.

Ha obtenido el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2011 y el Premio Casa de las Américas 2016, en la categoría de Teatro.

Tiene publicado los libros de poesía Hilo+Hilo (Bokeh, 2015); La Gran Arquitecta (Colección Sur, 2014); Chicle (Colección Limón Partido, Proyecto Literal, 2013); Chupar la piedra (Abril, 2013); Tregua fecunda (Unión, 2012), y El momento perfecto (Editorial Matanzas, 2012).

También ha publicado las novelas El arroz de la locura (Gente Nueva, 2015); Las analfabetas (Bokeh, 2015); Mayonesa bien brillante (Editorial Matanzas, 2012), y el libro La mandarina mecánica (Reina del Mar editores, 2015), de literatura infantil.

No sabe/ no contesta será presentado por el escritor Abel Fernández-Larrea, este viernes 22 de julio, a las 7:00 pm, en CCEMiami (1490 Biscayne Boulevard Miami). La entrada es gratuita.

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Días de entrenamiento: La palingenesia como literatura (O viceversa)

Ahmel 2

En vísperas de la publicación de “Días de entrenamiento”, número 2 de Colección G., recuperamos un texto de Rafael Águila de agosto de 2012.

UNO EN EL OTRO: OTRO EN EL UNO

Una novela, sostenía Stendhal, es un espejo que se pasa por el borde de un camino. Para Balzac la literatura se erige como la historia privada de las naciones. Historia subjetiva, desde luego, de la mano de la subjetividad de quien la urde. De esa suma de subjetividades emerge la historia de la que hablara Balzac. Días de entrenamiento, novela de Ahmel Echevarría, vaticino, devendrá cadena de obligada urdimbre en la suma de subjetividades de esa suerte de historia privada que definiéndola nos define. Octavio Paz nos legó la relación Plaza/Alcoba. Los conflictos de la(s) persona(s) definidos (y definiendo) desde (y por) los conflictos del sitio que sostiene los pies. Y muy especialmente: viceversa. Mutatis mutandis, desde luego. Si hay un novelista lleno de similitudes escriturales al Ahmel Echevarría que escribió esta novela ese es Milan Kundera. El checo deambula desde sus conflictos personales desbordado por los conflictos paísales, podríamos decir, creando la palabra. Milan Kundera no sería Milan Kundera sin la invasión rusa de Checoslovaquia. Esa fue su historia privada. Y la del sitio que le sostenía los pies. Esa su energía primaria. Su élan vital, a lo Bergson. Lo personal impactando en lo nacional, lo nacional impactando en lo personal. La fuerza tremebunda, se intuye, está en lo segundo. No hay que descartar, sin embargo, que la historia devasta desde la subjetividad que aislada es solo tragedia privada para, de la sumatoria de aislados (ésta sí objetiva) devenir tragedia de todos. De la historia plural a la personal, incluida ahí, por supuesto, la de los gobernantes. Y otra vez viceversa. La historia: a un tiempo vía y a un tiempo abismo. Días de entrenamiento, es una novela poliédrica, un vasto ludograma que tiene y contiene a la vida (la personal y privada) y a la historia, en tanto externalización de lo personal, externalización que, infortunadamente, es boomerang que retorna para determinar dramas y tragedias privadas, sin olvidar (una vez más) las viceversas, ese gran drama y esa enorme tragedia que cada uno coadyuva a fundar en lo paísal de la mano de acciones e inacciones. Esos vientos, tremebundos, baten en esta novela. Esas son las cortantes aristas. Ese el élan vital, a lo Bergson. La dicotomía País/Persona. Uno en el Otro. Otro en el Uno. Ontogenia y filogenia. Dicotomía: en realidad unívoco binomio. Ya lo dijo Bloom, el significado de una palabraes siempre otra palabra.

LA MUERTE: SEXAGÉSIMA PARTE DEL SUEÑO

Días de entrenamiento es una novela necrológica, pudiera decirse. Necrográfica, dirán otros. Ciertamente es una novela cargada de muerte. La muerte hierve en su centro como el magma al centro de la tierra. “¿Alguien hablará de nosotros cuando hayamos muerto?”, se preguntan acá los personajes. La muerte arrasa desde lo privado personal y lo plural paísal. Grava sus indelebles muescas el óbito privado, ese que solo afecta a uno (o a unos, limitados a un muy estrecho círculo) y la tragedia total, paísal, que asola y arrasa a todos. Muere una muchacha victima de un tumor; muere un chico en un estanque; muere otro, ahogado, en el Estrecho de La Florida; se asiste a la exhumación de una abuela. He ahí las muertes privadas. Muere el Papa Juan Pablo II; enferma gravemente el viejo de fierro, se teme por su vida, puede morir. La posibilidad de esa muerte instila sobre todo y todos una amarga sensación de non plus ultra (“¿se te ocurre algo por lo que tenga sentido brindar?”)1, de sobrecogedora indefensión (“el universo cambiará pero, ¿qué pasará conmigo?”) y no menos pavoroso asombro. Son las muertes de todos. Dos cajas deambulan por esta novela, una de cristal, la otra de madera. La de vidrio “contiene todas las respuestas. Puedes acercarte y preguntar. Para conocer la respuesta debes poner tu mano sobre el cristal”. Y se nos dice. “… aparecerá lo que deseas ver. Verás una imagen”. Se acude a la caja de vidrio y detrás del cristal se mueve, ama y extiende las manos Grethel, la chica víctima del tumor. Es esa la imagen deseada. En la caja de madera el muerto no se nombra, no se vislumbra pero deviene isla. Una caja desde la que se vislumbra el difunto privado, otra en la que deambula el paísal. Al privado se le mira, se le palpa, se le ama. Poco importa sean diez los minutos que el artefacto confiera. Cuerpo amado/palpado es cuerpo amante/palpante. Vivo. Si oráculos y pitonisas se afanaban en atisbar futuros la caja de vidrio se ofrece en función de vislumbrar pasados. Artefacto de Delfos a la inversa: adminículo dador del pasado. Oráculo para la memoria. Pitonisa para el recuerdo. Vivo está también el muerto paísal, tan vivo que deviene isla. Recuérdese: ex nihilo, nihil. No asistimos a la muerte como cese y fin. No es esta una novela necrológica. En puridad es una novela necrogénica. La muerte como génesis. El fin como principio. El cese como continuidad. A los muertos personales regresamos para mirarlos y amarlos, no olvidarlos nunca, asomados a la memoria desde el vidrio. Los muertos paísales, tragedia de todos, a todos atañen. Y en tanto isla a todos sostienen. Otra vez la dicotomía. Otra vez Uno en el Otro, Otro en el Uno. Palingenesia. Esa es la palabra. Todo cuanto la realidad no logra a la realidad arriba literatura mediante. Desde la memoria. La remembranza recompone el recuerdo desde lo deseado (o lo justo) nunca acontecido. Se funde el pasado para refundarlo desde el presente2. Desde la literatura. La literatura como génesis: palingenesia. Un cadáver deviene isla, una caja navega hacia el mar. Si las venturas y desventuras de la isla han llegado desde el mar (desembarcos cargados de vivos) esta nave catafalco hace el camino inverso (se hace a la mar llena de muerte), en semejante trance se deshace, del tablado brota un cuerpo, y del cuerpo (como lo profetizara Virgilio, el nuestro, el autor de “El caramelo”) una isla. Palingenesia. Refundación. Una isla al pairo frente a otra. En la refundación ha emergido precisamente desde una Biblioteca3. La literatura ha fundado una isla. Y en ese resurgir, el gobernante, el viejo de fierro, desea reencarnar para, precisamente (¡por Dios!), ser escritor. Sumar su grafía a la de todos. La segunda opción: ser un conteniente. Crear es vencer. Crear es pelear. Hay que tener un plan… estas son frases que una vez y otra pronuncia el viejo. Y ese es el plan. No el suyo, a él mismo lo ha tomado por sorpresa, pero ahí está, escribiendo, no dejará de hacerlo, persistirá hasta que finiquiten sus páginas, hasta entonces lo respeta la muerte. Aun tras ella seguirá escribiendo. Y todo ello ocurre el día de un desembarco de vastas proporciones para la historia patria. Cuba se ha fundado de hecho y derecho desde la literatura. Y desde los desembarcos. Colón la lanza por vez primera al ruedo desde su Diario de Navegación. Espejo de paciencia (donde se enfrenta tragedia llegada desde el mar),la inaugura en la literatura. Si realmente el círculo delmontino urdió esa novela en función de dotar a lo paísal de historia literaria el engarce es fastuoso. Urdir una isla, justificarla, desde las letras. Palingenesia. Si Martí funda un periódico le hace llamar Patria. Y a los 14 años es Abdala y su amor madre a la patria. Rafael Rojas sostiene que Martí fundó una patria cuando todavía ella no existía. Axioma discutible (en el 68 se murió y sufrió por diez largos años en función de esa patria) más no absolutamente inaceptable. Martí funda desde la literatura. Fragua y forja fueron sus discursos. Su palabra. Otra vez y siempre palingenesia. Desde las letras. Si se anuncia el grave estado y la probable muerte del viejo de fierro él mismo lo hace saber: desde las letras. Siempre las letras determinando el derrotero (¿las derrotas?) de lo paísal. Y eso suma y resume ahora esta novela: palingenesia desde la palabra, desde la literatura, desde la memoria con el anhelo de refundar la isla. Derrotero: exorcismo de derrotas. Y como vía crucis el metamórfico poema de Virgilio. Y no solo aquel poema, avanza el catafalco hacia el mar y son los ecos y hálitos (breves pero categóricos) de otro poema virgiliano, grandioso, La isla en peso, rotundo y bautismal. Ahmel Echevarría ha escrito una novela caleidoscópica, poliédrica, estereotáxica.

LA MUJER: DIOS POR MEDIO

“Donde hombre y mujer se hallen ahí estará Dios por medio”, escribió alguna vez José Saramago. Si la muerte bulle en esta novela como el magma al centro mismo del planeta (ese planeta isla que afelio y perihelio danza al centro de este texto) hombre y mujer bullen (¿quién sabe si es mayor en ellos el hervor de la danza?) entre el magma que se agita en esta novela. En estas páginas la mujer es Dios tutelar. Las vivas y las muertas. Necrogenia mediante son una las dos. Las que besan y las que se exhuman. Diosas todas. Se besa un vientre femenino tras cuya piel se agita la vida. Se escribe sobre el vientre lo que en mágica inversión leeremos sobre un espejo: all the rest is silence. Videant per speculum, nos legaron las sagradas escrituras.Grethel, Moonlight, Mónica, las dos Raizas, chicas que tras una ingesta se regurgita, pequeñitas y húmedas, topacio y ámbar, todas en una, andan y desandan estas páginas, entes privados, corpóreos y parlantes, sacros lenitivos ante las tragedias. Desnudar a una chica, se nos dice, como quien extrae cuerpos de los escombros de un terremoto. “Entrar en una novela como se irrumpe en una capilla”, escribió un día Goethe. El autor lo ha hecho, no importan en derredor los escombros: capilla y novela se han trasmutado en muchacha. El menstruo de una chica atempera, de sagrado púrpura, un performance sexopictórico. Simón Mago sostenía que en el cuerpo de una prostituta (hallada en un burdel de Tiro) moraba Ennoia, el Pensamiento para los gnósticos. El gnóstico asume el mundo desde la pareja, desde lo dual. Ennoia, nos dice esta novela, está en cada mujer.Sexo: terminus ad quo. Se hace el amor mientras desde el noticiario asedia la muerte del Juan Pablo II.Sexo:asilo de asolados. Asidero. Lenitivo contra tragedias. Se marcha una chica y lo hace “despacio, sus grandes alas plegadas tras la espalda”. Y es que no es una mujer: es un hada. Los entomólogos aseguran que la mariposa emperador detecta el olor de la hembra a once kilómetros. El amor. El sexo. Los cuerpos. La mujer. ¿El resto?: silencio.

LO IRREAL NO MENOS MARAVILLOSO: EL IRREALISMO SOBERANAMENTE MAGICO

Tiene la realidad, territorio oficialmente lícito, el aditamento (fiel y feroz, nunca falaz) del absurdo, parcela jamás oficial, siempre ilícita, sempiterno no tresspassing, lúdico no authorized land. No hay definición más certera de lo real cotidiano (por elipsis) que lo absurdo no menos cotidiano. Una ciudad visitada por dos catafalcos semovientes; chicas de cuerpo mínimo que se regurgitan en una bañera para ser acariciadas como pudo hacerlo Gulliver en la mítica Liliput; muertos que se agitan para amar; un cadáver que se resuelve isla; un kodama, doppelgängerque,a la manera del manga o el shintoismo japonés escolta y acompaña en vida como el Ka egipcio secundaba en la muerte4; el malecón como cenáculo, suerte de última cena verbal a la que asiste, testigo respetuoso, atento el oído y prestos los inútiles auxilios, un único discípulo; una casa que navega llevada por oníricos vientos, singladura citadina cargada de seres; un viejo de fierro que en silla de ruedas atraviesa la urbe; Malevich anunciando su plástica y rusa presencia en un hogar de Altahabana. Esos son los actantes. No importa el territorio, lícito / ilícito, ellos asoman el rostro de rosado ectoplasma para anunciar, desde más allá del no authorized land, que la realidad, gélida y ataviada de old fashion, está henchida de cálidas y novedosas irrealidades. Pánicas. Lo irreal soberanamente mágico se dirime como el punto de fuga de esta novela. La eminencia gris de este corpus. El ducto de este aleph, si artefactos tales los exhibieran. No son estos, sin embargo, efluvios que a tierras de García Márquez o Alejo Carpentier reverencien. Se toman brújula y carbono 14, aditamentos delatores, y las esporas parecen arribar, etéreas e irreverentes, desde ese otro soberano land que es Reinaldo Arenas. Desde su fray Servando y las sombras chinescas (alucinantes) de aquel mundo. Alucinaciones éstas, las de Ahmel, que, como aquellas de Arenas, llegan con el hálito bajtiniano de la carnavalización. A diferencia de aquellas, sin embargo, el inefable aliento de lo hierático las anima y contamina, asistimos a una suerte de carnavalización épica, en modo alguno degradada. Lo demodé ni excluye lo épico ni lo degrada. Carnavalización épica. Hierática. Ahmel Echevarría es un iconoclasta que respeta íconos.

LA HABANA: MAGNA URBE DEL ORBI

En las últimas dos décadas la otrora villa de San Cristóbal de La Habana, en postreros días asolada por ingleses y piratas, se ha visto llamada a continuos protagonismos literarios. La ciudad se ha resuelto actante. Dramatis personae. Cada autor ha tomado para ello su Habana, tantas como hay. Bajo una ciudad se mueve siempre otra, y debajo otra. Así hasta el infinito. Tantas ciudades como seres se mueven en ella. Italo Calvino, autor reverenciado por Ahmel Echevarría, sostiene que toda ciudad es tres ciudades, la de los vivos, la de los muertos y la de los no nacidos. La épica carnavalizante de esta novela parece aludir a todas ellas. Y a todos ellos. Los personajes de esta novela se mueven (como un continuum) a través de La Habana elegida por el autor, hechos que conducen al mismísimo epicentro narrativo van a tomar cuerpo y espirit sobre sitios icónicos de la urbe. Tomemos Tres tristes tigres, novela canónica de Guillermo Cabrera Infante, la más citadina y habanera de las novelas, en esas páginas la ciudad (la elegida por el autor) late y alborota, neones y sombras. La ciudad es el personaje central. En Días de entrenamiento, en cambio, la ciudad es mera escenografía. Papier mâché. Decorado. Naturaleza. Si bien no muerta hibernada. Una Habana a lo Dogville, de Lars von Triers. Los seres se mueven, neones y sombras, dentro de un holograma. La ciudad está ahí: contiene cual receptáculo. El papier mâché,sin embargo,tampoco excluye lo épico, menos aun el drama. Ni lo degrada.

DE LA INTERTEXTUALIDAD SURGIMOS: A LA INTERTEXTUALIDAD REGRESAMOS

Gerard Genette ilustra acerca de cinco relaciones transtextuales: intertextualidad, paratextualidad, metatextualidad, architextualidad, hipertextualidad. Todas ellas, en browniana urdimbre, están presentes en esta novela. Si de acuerdo con Genette la intertextualidad es la “presencia efectiva de un texto en otro” Días de entrenamiento es una novela multihenchida de textos otros. Un hipertexto que a cuestas carga una legión de hipotextos. No olvidemos que somos hoy más intertextuales que nunca. Si “no hay enunciado que no se relacione con otros enunciados,” como nos llega desde Todorov, esta novela resulta sostenidamente poliasociativa y multienunciativa. El título mismo alude lo paratextual, un film norteamericano de serie negra. Si la paratextualidad resulta “una mina de preguntas sin respuesta”, como sostiene Genette, en esta novela las preguntas danzan junto a las respuestas. Se asiste a la antesala que marca la consumación de una época. Antesala: training field. Cuando el viejo de fierro enuncia su “dentro de la literatura, todo”, la alusión (metatextual) hace volar hacia el clásico e histórico texto primigenio. No se trata, sin embargo, de un pastiche. La ausencia de halo satírico o desvalorizador lo destierra. Más allá del llamado pastiche neutro podría citarse alguno de nuevo tipo: un pastiche épico. Refundación y palingenesia suponen rehechura de postulados. Y si escribe el viejo de fierro nos regala, letra a letra (asoma la testa el Pierre Menard borgeano), el nunca desdeñable final de El Reino de este Mundo, de Alejo Carpentier. La novela incluye un diario, elemento que puede tomarse, desde la estructura, como relación intratextual. La transtextualidad no anega en esta novela únicamente desde lo literario (Virgilio, Carpentier, Guillermo Rosales, Borges, Cortázar, Piglia, Kafka): inunda, heteroglósica y polifónica, desde múltiples canales: desde la música (se hace el amor y son los acordes de Louis Armstrong y la voz de la Fitzgerald, música y mujer, dos de las presencias más rotundas de estas páginas); las artes plásticas (otra vez pintura y mujer: se dibuja desde (y con) sus cuerpos); el comic; el cine, la radio, la televisión (personajes vigilantes de ese hipotexto que exalta desde las pantallas corporizados en noticiarios como externalización del no yo5. Ese que, según Vallejo, hacía imposible hablar sin dar un grito.

DIAS DE ENTRENAMIENTO: ¿BILDUNGSROMAN?

El título mismo alude a esa posibilidad. Entrenamiento: aprendizaje. Y el aprendizaje asoma desde múltiples vías. Desde lo privado y desde lo paísal. Otra vez y siempre en esta novela. Llega desde la mujer, el sexo, los cuerpos. Las muertes. Incluso desde la amistad. Llega, desde luego, en tanto resultar un texto pasaje, antesala, laberinto a una época otra. Y en el laberinto se ha de abandonar la crisálida. Se corta el cordón umbilical. No hay bildungsroman, sin embargo, exento de la relación maestro/discípulo. He ahí las páginas finales de El juego de abalorios, la portentosa novela de Hermann Hesse. Joseph Knecht, a la vista de su discípulo, se funde en un lago. La unión mística entre hombre y naturaleza, suerte de panteísmo antropológico, se consuma para guiar a la vida al alumno. Cierre de ciclo y, a un tiempo, continuidad. En Días de entrenamiento el viejo de fierro es el maestro. Y Ahmel, el personaje, llevado de la autorreferencialidad que exhibe esta novela, discípulo. La relación es en extremo dual, la simbología fastuosa: desea el viejo escribir y el muchacho le encomienda su Parker, muere el viejo mas le ha obsequiado antes la suya. La toma el muchacho. Se ruboriza, pero al cabo, se nos dice, el viejo se la ha regalado. Muy vasta trascendencia tiene acá esa pluma. Es el Santo Grial de estas páginas. ¿Cuál podría ser el sitial de un aditamento del que surgen letras y literatura en una novela que pretende situar ambas al centro mismo de toda creación? La pluma como útero. Élan vital. Célula primaria. En no pocas ocasiones se alude a la posibilidad de volarse la tapa de los sesos con ella. Dúplice función la que posee: crear, destruir. ¡Y ese aditamento, fuente de la palingenesia que se erige desde esta novela, pasa del viejo de fierro al muchacho! Hesse llevó a Joseph Knecht y a su discípulo a un lago. El designio: trascender. La intención es similar cuando en Días de entrenamiento (frente al mar) un muchacho toma la pluma con la que se ha afanado un viejo gobernante.

LA LITERATURA: DESPLAZAR EL SENTIDO HACIA OTRO LUGAR

Piglia, se nos dice, estaba seguro de que Kafka escribía sus diarios “para desplazar el sentido hacia otro lugar”. Entender lo vivido/acaecido desde (y por) las letras. Puede sea ese el sentido mismo de la literatura. Vaticino es ese el sentido mismo de este libro: aprehender (lo privado y lo paísal) a través de lo escrito. Llevarlo dentro, descifrarlo. Lo vivido (o por vivir) es un jeroglífico que solo se desentraña en el acto de transmutarlo en letras. De ahí el empeño del autor con la memoria. Testificar. Dejar las debidas constancias, y en el proceso, lograr comprenderlas6. Aseguraba Herman Hesse que el oficio del escritor residía en estar callado, abrir los ojos y esperar el momento justo. Ahmel Echevarría es un hombre callado con los ojos muy abiertos. En cuanto a la espera aludamos, paráfrasis mediante, a Calvino: tres clases de esperadores existen, los vivos, los muertos y los aun no nacidos. Para todos ellos, entes hiperonímicos y multánimes, parece escribir Ahmel Echevarría.

NOTAS

  1. El plus ultra existe: se brindará por el vientre de la chica, dador de la vida.
  2. Spencer Tunick no logró bosquejar su fiesta de cuerpos desnudos ante el diafragma de su cámara. En esta novela, sin embargo, la cámara de Tunick bosqueja la fiesta.
  3. No solo de Biblioteca se ha alimentado: antes ha transitado la ciudad toda, ha circunvalado la isla. La ha contenido y resumido, lo ha colectado todo, cada hora, cada ser, cada palmo. El peso todo de la isla.
  4. Elemento en extremo interesante resulta el empleo del doppelgänger, al personaje central acompaña esa suerte de doble en la piel del kodama (espíritu de los bosques, de acuerdo a la mitología japonesa); dos son las Raizas regurgitadas; en la apoteosis dos son las islas y dos los hierofantes; dos las cajas, una de cristal, otra de madera. A ello se une que la estructura de la novela se conforma desde dos secciones de periódica recurrencia frente a otras de solitaria aparición, suerte de ritornello que hace recordar formas musicales. Dos, siempre dos: el dualismo como sistema.
  5. En una suerte de orgía transtextual Ahmel Echevarría asume la realidad como hipertexto. Ficcionaliza desde lo real cotidiano. En esta novela los personajes montan guardia frente al televisor y los noticiarios asoman como personajes moduladores/catalizadores. Autores como Cesare Segre han enunciado la interdiscursividad o relación semiológica entre un texto literario y otras artes (pintura, música, cine, canción etcétera).
  6. Pregunta el viejo de fierro por la literatura para, a renglón seguido, apuntar: “Podríamos estar creando algo más grande que nosotros mismos”. (En contextos varios los cubanos lo hemos hecho). He aquí, otra vez, una relación intertextual: el autor desplaza la historicidad como ente germinativo hacia la literatura.

 

 

El síndrome de la premiofilia y otros males del narrador cubano

ISLIADA

Por: Rafael de Águila 20 de abril de 2016

Esta será una mirada a la narrativa cubana (en especial, al cuento) de este tiempo desde la óptica de un narrador cubano de este tiempo. Es decir, será la mirada de un “observador observado”. No será la mirada de un crítico. No soy crítico. No será la mirada de un académico porque no soy un académico. Ni siquiera la mirada de un ensayista, porque aunque he escrito algún que otro texto que puede ser tomado por tal no me tengo por ensayista. Y no será una mirada prolija. No lo permite el espacio. Serán (meramente) notas al vuelo. Notas acordes al propósito y al tiempo de este evento. Y tal vez, para algunos, lo que acá exponga hoy sea polémico. Llegar acá a cantarnos loas no me parece productivo. Menos aun ético. No son las loas las que lanzan hacia adelante. Ni el falso azul de Cándido. Ni la escondida cabeza del avestruz. Las ideas, sostenía Jean Paul Sartre se prueban en el debate. Confiero, en el espíritu de probar ideas del que hablara Sartre, mucho valor a exponer ideas, en especial, a escucharlas. Escuchar puntos de vista de colegas a los que respeto y admiro, colegas que sostengan elementos ajenos a los que, con toda sinceridad y humildad, expondré acá. Muy oportuna esta reunión, ojalá hubieran muchas más, muy oportuno el debate respetuoso con el colega. El debate ético. Puede que mis ideas sean erradas. El debate evita mantener ideas erradas. Por eso agradezco profundamente la invitación a asistir acá hoy, a hablar acá hoy.

PROFUSION, LEVEDAD E HIBRIDAJE

Tres senderos (Borges aludió en uno de sus magistrales cuentos a dos) se bifurcan en el jardín de la narrativa cubana actual, específicamente en el cuento: profusión, levedad e hibridaje.  

Profusión porque quizá nunca antes hayan existido tantos seres empeñados en el arte de escribir como existen hoy en Cuba. Y en cuanto a narrativa, por lo general, se comienza escribiendo cuentos. Las bases de ello parten, entre otras, de: A) La alfabetización inicial, B) el logro de cada vez mayores cotas educacionales, C) el boom de talleres literarios, muy especialmente el Taller Nacional que ha mantenido durante años el Centro Onelio, bajo la dirección de E. H. León, y otros muchos, D) no pueden desdeñarse elementos de corte sociológico; la idiosincrasia cubana, por ejemplo, latinoamericana, esa idiosincrasia que nos hace contadores natos e innatos de cuentos. Existen otros muchos factores, desde luego. Sociológicos, en particular. Dado el carácter de este evento no resulta práctico referirse a ellos. Dejemos materia a los sociólogos. Aventuro que nunca antes existieron en Cuba tantos seres afanados en el empeño de escribir, especialmente tantos menores de 35 años involucrados en ese empeño. Escribiendo. Escribiendo cuento. Si se tiene en cuenta la relación Cantidad de Habitantes VERSUS Cantidad de Escribientes sobre esta ínsula hoy día la proporción sería alta. Mayor que nunca antes. Creo estar a salvo de esa manía de primates que es el nacionalismo, me temo, sin embargo, que tal vez pocas naciones latinoamericanas exhiban hoy proporción semejante. Toda esa potencialidad puede vaticinar, si de lo cuantitativo se trata, la probable continuidad del predominio cubano en materia de canon en A. Latina. Recordemos el predominio de obras escritas por autores cubanos en El canon occidental, la multicitada y multipolémica obra de Harold Bloom. Ese boom cuantitativo, el que en Cuba tiene lugar hoy, puede, y debe, vaticinar grandes obras.

Levedad porque el vaticinio que puede llegar desde lo cuantitativo, es hoy, a mi modo de ver, me temo, solo un vaticinio. Un elemento en virtud de futuro. No de presente. Al menos en materia de cuento. La narrativa cubana, el cuento, no parece haber logrado grandes obras. Adviértase que empleo la frase no parece. Cuantitativamente se tiene un crescendo sostenido e impactante. Cualitativamente todo parece apuntar hacia un escenario diferente. Y digo todo parece indicar porque nadie puede asegurar que grandes obras no duerman ahora mismo entre el polvo de las gavetas, descansen entre el misterio de gigabytes de algún disco duro, o en el más humano de los escenarios, suceda (me suceda a mi) que, inmersos (inmerso yo) en el maremágnum de nuestro tiempo, ese nexo que articula al hombre y a su circunstancia, contemporáneos todos (yo mismo), no sepamos (no sepa yo) identificar esas obras, no alcancemos (no alcance yo) a visualizar las cotas alcanzadas, a aquilatar su grandeza.

FILOGENIA DE LA LEVEDAD.

La levedad, podemos convenir, es el efecto. Y si la levedad es el efecto…, cuál es la causa? Nombrar un fenómeno es fácil. Explicar su génesis es más intrincado. El narrador cubano escribe hoy atacado por el síndrome de la premiofilia. Nuestros narradores, y me incluyo, nosotros, pretendemos comenzar un texto para concluirlo… la semana entrante… para… enviarlo a un premio. Entre nosotros, a pesar de que muchos nos manifestamos premiofóbicos, se agita la premiofilia. Y es que no solo de pan, nos legó Shakespeare. Pero urge el pan. Y urge el resto. Un resto que, para todos, quiero decir para los cubanos, para los que vivimos en esta ínsula, no solo para los escritores, se ha hecho y se hace cada vez más perentorio. En ese difícil contexto se ha hecho común, práctica habitual, que cada año, escribamos obras ad hoc, obras especialmente destinadas a ser presentadas a premios. A ganar algún premio. Obras que una vez enviadas a este o a aquel premio (sin obtenerlo) recomponemos para… enviar a otro(s) premio. Eso año tras año. Para lograr pan. Y el resto. Nunca antes se había escrito tanto en Cuba con el objetivo de enviar a premios.

Esa rara poiesis de premiofilia, ese premiotropismo positivo, sospecho, tiene un raro impacto en cuanto a lo que publicamos. Los narradores cubanos hoy día publicamos solo aquello que no consigue ganar premios. Retenemos lo que creemos nuestras creaciones, por varios años, en aras de ganar premios y destinamos a publicar solo aquello que no creemos con calidad suficiente para optar por esos premios, o aquello que durante años (periodos de envíos continuados) no los ha logrado. La causa: los derechos de autor son ridículamente exiguos. Por ello pasamos años sin publicar porque retenemos lo que creemos nuestras mejores creaciones. ¿Para qué? Para ganar algún premio. De ser posible en CUC. De los muy pocos que hoy subsisten en esa moneda para el género Cuento: el Premio Casa de las Américas, el Premio Internacional Julio Cortázar, el Premio Alejo Carpentier. Al día de hoy solo subsisten ellos. Al día de hoy los muchos escritores de cuento que hoy convivimos en Cuba, y convivimos más que nunca antes, estamos escribiendo para ganar, fundamentalmente, esos tres Premios. Años y trabajo mediante publicamos, a regañadientes, solo aquello con lo que no hemos logrado ganar premios. Somos muchos optando por tres. A mi modo de ver, precisamente esa premiofilia, la insoportable presión de la premiofilia, nos lleva, a empellones, hacia nuestra levedad del publicar, nuestra levedad del ser, esa levedad del ser como escritores de cuentos. Mas bien nos lleva a la levedad (del ser) de nuestros cuentos. Cierto que el siglo XX comenzó a fructificar, en lo que a literatura se refiere, a partir de los años 20. Pensemos en las obras de Proust y Joyce, por ejemplo. En ese contexto Gina Picart sostiene que los autores que marcarán el siglo XXI en Cuba se hallan hoy en la infancia narrativa.

Hibridaje: He ahí un país donde muchos son escritores. Un país en el que, en puridad, el mayor % de lectores que tiene un autor reside… entre sus propios colegas escritores. Es decir: todos leemos a unos y unos leemos a todos. Leyendo nos leemos. Lectores para uno, lectores para todos. Y ello ocurre, incluso, antes de que las obras de unos y todos sean publicadas porque solemos enviarnos nuestros inéditos. A esta particularidad Yoss le llamó, hace ya algunos años, relaciones incestuosas en la narrativa cubana. Gina Picart le llama “´instinto gregario”. Yo voy a llamarlo Relaciones de hibridaje”. Un hibridaje que va a atar, con fuerza, tanto lo estilístico como lo temático. Y, el hibridaje, no poco, también nos conduce a la levedad.

Un elemento que de alguna manera refuerza ese hibridaje deriva de la posibilidad, me temo  bastante real, de resultar, el escritor cubano hoy día, quizá entre todos los escritores del planeta, aquel que escribe más aislado del mundo, más aislado de las novedades, más aislado de lo que se escribe y se publica y se lee en el mundo. Las novedades de la literatura, no hablo de best seller o literatura light, aludo a la buena literatura, llegan a nuestras editoriales, si es que alguna vez llegan, muchos años después. Se sufre de una muy rotunda ausencia de obras novedosas, repito: obras de valor, de autores extranjeros. En muchos casos autores de primer orden, de los cuales las editoriales cubanas, no han publicado no pocas veces, un solo libro. Por las causas que todos entendemos. En modo alguno esto resulta una crítica a nuestras Editoriales. Solo presento la situación del escritor como lector. Son libros que los narradores cubanos solemos descubrir en el librero de otro escritor, de un colega. Y la obra deambula entonces de mano en mano. El caso más notorio, a mi modo de ver, resulta hoy Roberto Bolaño, autor muy leído por nuestros escritores, por nosotros, y de quien valdría quizá estudiar las influencias, al menos entre los escritores de nueva hornada. En Cuba los escritores escribimos para otros escritores. O para especialistas. Quizá, en mayor o menor medida, en todo el mundo suceda (y siempre haya sucedido) así. A ello se agrega que en % muy elevado los autores cubanos, nosotros, se leen (nos leemos) entre nosotros mismos en una suerte de lecturas inter autores, suerte de circuito cerrado en el que esos autores (nosotros), hibridados e incestuosos, generalmente leen (leemos) las mismas obras. Lecturas para uno, lecturas para todos. Pero no solo nos leemos unos y otros. No, señor. También leemos lo que logramos poseer e intercambiar de autores extranjeros. Porque, en solidaria gestión, ofrecemos al colega los libros que de autores extranjeros logran llegar a nuestras manos. Y en buen cubano: todos leemos lo mismo. Leemos lo que escribimos los del patio (en el patio) y lo que desde el patio logramos poseer (ajeno al patio). Llamaré a esto: circularidad de lecturas cautivas. Así como en el mercado cubano el stock de productos es reducido no existiendo variedad de precios, productos o marcas (lo que caracteriza un mercado cautivo), nuestras lecturas exhiben la misma reducida homogeneidad. Y eso ocurre, algo que en modo alguno es una nimiedad, en una nación con muy pobre acceso a las tecnologías de la información, léase, quizá, uno de los más bajos accesos a las tecnologías de la información y a Internet del mundo. Esa circularidad de lecturas cautivas, esa coleguización a tiempo y espacio completo, a mi modo de ver, nos homogeneiza y nos pasteuriza. Lo hace en cuanto a temas y en cuanto a estilos. Y si ambos procesos, la homogeneización y la pasteurización, indudablemente, resultan positivos, Pasteur mediante, en lo que se refiere a la  la leche o productos alimenticios de consumo humano, no lo son en modo alguno en cuanto a la cultura y lecturas, también de consumo humano. Porque mientras más heterogénea y diversa sean culturas y lecturas, menos estandarizada, pues más fuerte, más densa, más profunda, y en consecuencia menos leve lo que de ella resulte.

Dada la naturaleza de este evento no me resulta posible referirme in extenso a ciertos elementos, de primer orden, que, desde mi punto de vista, caracterizan la cuentística cubana hoy día:

  1. Intertextualidad y erotismo: dos de los elementos más comunes de la narrativa cubana en los últimos 20 años. 2. Auge de literatura escrita por mujeres, lo que resulta destacable y motivo de orgullo, uno de los tantos signos que muestran y demuestran lo logrado en las últimas décadas por la mujer cubana. 3. Narraciones donde el espacio en el que trascurre la historia se ubica distante en el espacio (entiéndase el extranjero) o distante en el tiempo (cierta insistencia en el pasado, la historia ficcionalizada de la nación), o lo que es igual: la fuga a otros espacios/tiempos, quizá como desbandada ante la muy profusa internalización en el espacio / tiempo de los 90: escape del HIC ET NUNC en viaje al ALLA Y ENTONCES. 4. La literatura dentro de la literatura, aparición de textos en los que el hecho narrado se desarrolla desde la condición de escritor/personaje del autor/narrador, 5. La ratificación del contexto citadino, algo común al entorno latinoamericano, e incluso, extra latinoamericano, desde el Post Boom, a Mc Ondo a la Generación Crack, la Generación Nocilla o After Pop. En ese contexto La Habana ha devenido actante, puede que una de las ciudades más literarias del mundo, pese a la insistencia en cierta ruinosa presentación, si bien, pueden argumentar algunos, atada a los presupuestos del dirty realism, no por ello menos respetuosa del realismo, a secas. 6. Estructuras narrativo-lingüísticas simples. Pueden citarse excepciones, aludo, por ejemplo, entre otros autores, a narradores como Legna Rodríguez, narradora en la que la estructura lingüística asume y domina no pocas veces el texto per se, lo levanta como ente pura y absolutamente estilístico, y lo lanza, como un todo. Una de las características más marcadas de la cuentística cubana hoy día puede resulte el énfasis en lo temático en detrimento de lo lingüístico, de lo estructural, lo formal, o estilístico. Énfasis en el QUE se narra en detrimento del CÓMO se narra. Y ello es un detalle, que con fuerza rotunda, nos lanza sobre la ya mencionada levedad. Incluso la crítica se dirige, en gran medida, hacia lo temático, y esquiva referirse o analizar, en no pocos casos, lo formal o estilístico. En otras palabras se privilegia contar una historia despreciándose, de manera muy marcada, el CÓMO contar esa historia. 7. Elementos propios del discurso postmoderno: presentación temática de la emigración, la fusión entre alta cultura y cultura popular, el empleo de la ironía, la parodia, la farsa, el kitsch, la carnavalización bajtinana, comienzan cada vez más a asomar elementos propios de la música, el pop art, la cultura de masas (radio, cine, T.V, y especialmente del mundo de la informática, el mundo del chat, el comic, de los seriales televisivos). 8. El uso del absurdo, observado como tendencia especialmente en el cuento, 9. El auge del cuento corto.

No debo, sin faltar a la ética, aludir a ciertos elementos, extra literarios, al menos extracuentísticos, por supuesto negativos, que signan, han signado y parece continuarán signando, el cuento cubano actual, elementos que, de alguna manera, contribuyen, no poco, a la antes citada levedad. Voy a referirme, ya lugar común entre nosotros, a las archiconocidas trivialidades de la crítica. Una crítica que coquetea y se bifurca, otra vez, en dos senderos: 1. Un sendero laudatorio (en su mayoría escrito por escritores (amigos) sobre obras de escritores (amigos). Un amigo (colega) escribe sobre la obra de otro colega (amigo). En su momento, desde luego, eso se retribuye. El criticado (elogiado) se espera incurra en el mismo proceder cuando el un día “crítico” (candidato a ser elogiado) publique alguna obra. Y es que los escritores cubanos no solo nos leemos hoy unos a otros, no solo nos prestamos las obras extranjeras que logramos poseer, sino que nos “criticamos” unos a otros. En puridad: los escritores cubanos nos elogiamos hoy unos a otros. Por turnos. Y a esos elogios le denominamos “crítica”. 2. Una critica que colinda con el show, el choteo, la animadversión prostibularia. Esta última, a su vez, se bifurca en otras dos sendas, ya no de jardín, dos sendas que van a regodearse, tristemente, en el lodazal: 1. Los autores criticados reaccionan (airadamente) ante la “crítica”. 2. La “crítica” la emprende (airadamente) contra esos autores. No pocas veces esta “crítica” es ejercida por enemigos (colegas) sobre obras publicadas por sus colegas (enemigos).

De ello hemos sido alguna vez (motivo de pena ajena, como le gustaría decir a cierto colega amigo) testigos todos. En ocasiones, todavía más tristemente, se ha transgredido lo pedestre para ir, de bruces, desprovistos del más elemental ethos, hacia la ofensa o la diatriba personal.

Todo cuanto he citado acá constituye, desde mi personal visión, generalidad. Tendencia. Denominador común. Regla. Toda regla, desde luego, exhibe sus sanas y robustas excepciones. Excepciones, por fortuna, existen. Pero el estado de una materia, la que fuere, no está signado precisamente por las excepciones. Al menos, esta mirada, la mía de hoy, no se refiere a esas excepciones. No me refiero a las excepciones que muestra el cuento en Cuba. Me refiero a las reglas. Al denominador común. Sostuve al inicio que esta sería una mirada a la narrativa cubana de este tiempo desde la óptica de un narrador cubano de este tiempo. Un narrador cubano de este tiempo que ha incurrido en los mismos dislates que acá ha presentado. No estoy libre de pecados. Con la excepción, velaré por mantenerme a salvo siempre de ello, de la crítica que acá llamo prostibularia. Entre otras cosas porque antes de anhelar llegar a ser un buen escritor anhelo y opto por llegar a ser un buen ser humano. Así pues, esta es, repito, la mirada de un “observador observado”. Me sedujo la importancia de mirar mirándonos. Mirándome. (Auto)mirar. (Auto)voyeurismo. Mirar el interior de nuestro espacio. El mío. El de todos. Lo consideré más genuino. Más necesario. Más sincero. Más productivo, quizá. Y si no lo fuera, quiero decir, productivo (genuino, y el resto de la camada, desde luego, lo es), pues al menos tendría, para mí, ignoro si también para alguno de ustedes, la fuerza, nada despreciable y siempre necesaria, de la catarsis. La fuerza que llega desde decir lo que se piensa. Lo que se cree. De abandonar esa otra pasión que no poco nos anima: la laudatorofilia, ese (auto)cantarnos, (auto)encantarnos y (auto)contarnos loas. No semejar Cándidos en el mejor de los mundos posibles. No remedar al avestruz. En cualquier caso decir lo que creo mi subjetiva cuota de verdad. No por subjetiva menos mía. Muchos tendrán posiciones opuestas. Es lícito eso. Y necesario. En extremo productivo. A cada cual le asiste el derecho de manifestar su dosis de verdad. Es un derecho que deviene, además, deber. El mundo se compone de ellos. Yo he hecho uso hoy de ese derecho (y de ese deber). Y lo haré todavía en grado mayor al escuchar, analizar, y ponderar las ideas del resto de los colegas, especialmente las diferentes. He dicho lo que creo. Otros dirán lo suyo. En aras de exponer acá lo que creo he desdeñado el enfoque de un crítico. Entre otras causales porque, aunque he escrito cierta “crítica”, no soy crítico. Desdeñé el enfoque académico o el típico del ensayo porque no soy ni lo uno ni lo otro. Esos enfoques, los ensayísticos, los académicos, los críticos, son mucho más necesarios hoy día. Si bien son igualmente genuinos y productivos, quizá no alcancen, en tiempo y espacio tan breves como este, la necesaria y anhelada dosis de catarsis. Al menos no lo hubiera logrado yo. Si alguno de los presentes pudo haberse molestado por algo de cuanto acá he dicho…, con toda humildad, le pido disculpas. Dado el espacio, más bien el tiempo del que disponemos hoy, esa red espacio / temporal que aherroja a los humanos, incluidos a nosotros, los narradores (quizá la Poesía, más alada, más sacra, pueda vivir fuera de esa terrorífica red), la red temporal que aherroja a este Coloquio, era imposible una mirada de mayor prolijidad. De ahí que me haya limitado a estas (meras) notas al vuelo. Notas acordes al propósito, y al tiempo, muy especialmente, al tiempo del que cada uno de nosotros debe hacer racional uso en este evento. Notas en las que he tratado de simplificar, de la manera más sucinta y clara posible, de la manera más sincera posible además, aquellos elementos que, desde mi modo de ver, desde mi cuota subjetiva de verdad, marcan a los que hoy escribimos cuento en Cuba y marcan el cuento que se escribe hoy en Cuba. Muchas gracias a todos.

Texto leído bajo el título Aproximaciones al cuento cubano hic et nunc,el 30 de marzo de 2016, en la Sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC durante el Coloquio Nacional de Narrativa .

NOTA: Una muestra más de ese “circulo cerrado” en el que el narrador cubano se mueve hoy: al Coloquio Nacional de Narrativa, al menos el día asignado al Cuento, no despertó el interés de académicos, profesores de Filología o Literatura de las Universidades cubanas. Tampoco de representantes de Editoriales. Tuve el cuidado de preguntar a varios colegas si los identificaban entre el escaso público asistente. Todos aseguraron que ni unos ni otros se hallaban presentes en la Sala.

Los escritores cubanos se estiman menos de lo que valen y se creen más de lo que son

Por: Javier Rabeiro Fragela 6 de abril de 2016

ISLIADA

Lo conocí en la Feria del Libro, o en una presentación de no sé quién, o en el último número de La Gaceta, o… La verdad es que no me acuerdo dónde lo conocí, pero desde que lo vi supe que debía hacerle esta entrevista. Apenas le comenté mi intención me dijo: ¿Y eso? Nada, a los jóvenes escritores cubanos, a las futuras generaciones, a los que sueñan con un mundo mejor, a los que estudian los fenómenos paranormales, a los que creen y no creen en Dios, a los que pelean contra los antojos de la Pachamama, en fin, a los que respiran ahora mismo, les va a interesar lo que dirás sobre Literatura Cubana. No tengo nada que decir, y mucho menos sobre la Literatura Cubana. Después de esa conversación lo volví a ver un par de veces y seguí con lo mismo, hasta que ya no pudo más y me dijo: Ok, te daré la entrevista, pero con una condición. ¿Cuál? No puede salir mi nombre. Pero ¿cómo voy a hacer una entrevista sin tu nombre?, es absurdo… ¿No dices que mis criterios les aportarán a los jóvenes escritores, que las futuras generaciones buscarán en mí…? Ya, ya, está bien, dije, y saqué la grabadora.

En tus libros veo una madurez temprana, una sabiduría que se muestra en la forma de abordar la escritura. ¿Podrías revelarle a los lectores a qué edad comenzaste a escribir?

Empecé a escribir a la edad en que empieza todo el mundo. Como bien sabe la humanidad desde Aristóteles, no, desde Sócrates, uno tiene siempre la edad de su ilusión, por eso, cuando ves a alguien extremadamente envejecido y encorvado, es porque ha perdido el entusiasmo. Con esto quiero decirte que aún tengo la misma edad de cuando empecé a escribir, de cuando vi la primera gota de lluvia, de cuando sentí de cerca el olor del océano. Según este criterio, lo de menos es empezar a escribir, sino tratar de mantenerte escribiendo, aun cuando dejes definitivamente de escribir. ¿Tú crees que Shakespeare dejó alguna vez de escribir?

¿Me estás preguntando a mí?

Claro, no me gustan las preguntas retóricas…

Bueno, Shakespeare dejó de escribir en 161…

¡Nunca dejó de escribir!, cada vez que un adolescente ve la película esa de Leonado Di Caprio y Claire Danes, interpretando a Romeo y Julieta, o un director de teatro hojea Hamlet, o yo releo una línea de Otelo, Shakespeare empieza a escribir aquí (se toca la cabeza), de eso te hablo, de empezar a escribir y no parar nunca.

En tus libros observamos un interés por retratar la fisionomía de la cubanidad. Podría decir incluso que has encontrado la fuente de tu materia prima, una manera singular de mostrar lo que significa “ser cubano”. Sería interesante saber cómo hallaste el método de radiografiar a los cubanos.

La mayor parte de mis historias se desarrollan fuera de Cuba y con personajes que ni siquiera han escuchado hablar de Cuba y no son, ni fueron ni serán cubanos, pero los especialistas consideran que mis libros son un canto a la identidad y la Patria, criterio con el que estoy completamente de acuerdo, ya que aún no he descubierto una sola diferencia entre un finlandés y un cubano, a no ser esas diferencias que nos inventamos para creer que somos especiales, únicos, destinados a hacer cosas importantes que ya alguien hizo, u ocupar un lugar que ya alguien bautizó. Fuera de las fanfarrias, los localismos, y las ideas sin base ni sentido, la diferencia que hay entre un cubano y cualquier otro habitante del planeta es la misma que hay entre un ser humano y otro, por eso mis libros que se desarrollan en Palestina o en Honolulú o en Angola, son profundamente cubanos. O sea, mi método para radiografiar a los cubanos es tratar de comprender las angustias, los sueños, las alegrías, la belleza, el dolor y la fuerza del ser humano.

Has ganado muchos premios con tus libros. ¿Consideras que los premios solo son un estímulo para seguir adelante, o le das una importancia mayor (atendiendo al hecho de que ganar un premio hoy en Cuba es la única vía rápida y segura para publicar)?

Los premios son el modo más justo que tenemos a mano para publicar un libro hoy en Cuba, son la prueba de que el libro presentado a concurso tiene algún valor y, por lo mismo, ha logrado conmover al jurado. Muchos prefieren demeritar el sistema de premios, achacar el resultado al azar u otras cosas, pero la verdad es que la mayoría de las veces el libro premiado recorre un sendero lleno de obstáculos, y el solo hecho de vencerlos es en sí mismo un gran triunfo. Muchos no perciben que todos los métodos para publicar un libro precisan, de alguna forma, de un jurado, del consenso de varias personas, es decir, el libro siempre tienen que aprobarlo varios lectores para que llegue a su destino final, siempre tiene que seducir, por eso no entiendo la animadversión de muchos en Cuba contra los premios.

¿O sea, que no solo estás de acuerdo, sino que consideras que ganar un premio es el modo más justo para publicar un libro en Cuba?

Por supuesto. Yo prefiero concursar, ya que es, para mí, la prueba de que mi libro cumplió su misión de llegar al lector. No debemos olvidar que el jurado es, a fin de cuentas, un grupo de lectores. De la otra manera, llevando un libro a la editorial y esperando a veces muchos años para verlo publicado, siento como si estuviesen haciendo un acto de caridad, algo que no está mal, pero como cada cual es como es, yo prefiero la sensación de haberme ganado la publicación de mi libro. Es más, debido a la situación del país y la ausencia de agentes literarios, en los talleres y manuales debería dársele a los concursos la importancia que tienen, en vez de demonizarlos, como suele hacerse. Para mí es contraproducente decirle a un aprendiz de escritor, en un país donde casi la única forma de publicar es a través de un concurso, que los premios no significan nada. Es como educar a un deportista en la idea de que debe competir pero no pensar en ganar, normal, vas a la pista, corre un poco y mira cómo Usain Bolt se lo lleva todo. Normal.

¿Pero Alejo Carpentier y José Lezama Lima, nuestros autores icónicos por excelencia, no publicaban a través del sistema de premios?

Eran otros tiempos, además, con la cantidad de prejuicios, reglas, y limitaciones que le han inventado a la literatura, tampoco hubieran ganado ninguno. ¿No has leído la cantidad de gerundios con los que Carpentier construye su prosa? No te has fijado en la escritura, digamos, amateur, de Lezama? ¿Qué jurado premiaría eso?

A partir de lo que esbozas, ¿debo interpretar que Carpentier escribía mal y Lezama apenas sabía hacerlo?

Todo lo contrario. He dicho exactamente lo contrario, pero, como buen lector, solo has puesto atención en lo que te interesa y le has dado una connotación negativa. Está claro para cualquiera que Carpentier y Lezama no solo son los escritores más representativos del país, sino que también son genios; lo que quiero subrayar es que la escritura correcta no existe, que esas reglas y restricciones inventadas por no sé quién (culpemos a Vargas Llosa) solo son los prejuicios de la mediocridad, pues el verdadero escritor únicamente necesita plasmar lo que tiene, con las armas que tiene, y punto. Las pruebas están en todas partes, solo agarra las obras que han incidido en el corazón de la humanidad y verás que ninguna cumple con los requisitos ilógicos de lo que debería ser una escritura correcta. Cien años de soledad está plagada de cacofonías y otras delicias. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha es un manual de anfibologías y otras dulzuras. O sea, la misma vida ha demostrado que el punto está en conectar con otro ser humano, ya sea con reglas o sin reglas, hacer que se identifique como un ser humano a través de lo que le das. Y no voy a ahondar en el tema, el propio Borges ya dijo lo necesario, lee el ensayo breve “La supersticiosa ética del lector”.

¿Borges? ¿Ese no fue el que utilizó aquel adjetivo incorrecto: La noche unánime. ¿Viste eso? Unánime…

No has entendido nada…

Era una broma. Bueno, por lo que dices de la escritura, me da la impresión de que lugares como el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso no son necesarios.

Otra vez has elegido la impresión que te interesa. Eso ocurre por querer escucharte a ti mismo y no prestar atención a lo que te digo. El Centro Onelio ha sido y es uno de los gestos más importantes que se han materializado en este país, sin él no hubiera podido decirte la mitad de lo que te he dicho hasta ahora, pues un lugar como ese le da al escritor una visión total de lo que puede ser el hecho literario. No es un sitio indispensable, pero también es un sitio indispensable. Espero entiendas lo que quiero decir.

Ehhhh… Sí, entendí… ¿Lo que no me queda claro es si estás a favor del qué o del cómo?

No se puede estar a favor o en contra de dos cosas que son una sola cosa: no puedes llegar al qué sin el cómo, y no hay un cómo sin un qué. No podemos dividir lo indisoluble. Y tampoco hace falta.

He visto que eres una persona con criterio, por lo que me gustaría saber qué es para ti un escritor.

Para mí hay dos tipos de escritor: el de letras y el de sangre. El escritor de letras crea su mundo a partir de su inteligencia, conocimiento y experiencia; es una persona que ha leído mucho, tiene una cultura respetable, es, en la mayoría de los casos, un intelectual; el escritor de sangre es simplemente alguien que tiene una herida y se la palpa con la yema de los dedos para dejar una huella.

¿Y qué opinión tienes de los escritores cubanos?

La misma que tengo de todos los escritores.

¿Y cuál es, si se puede saber?

Que se estiman menos de lo que valen y se creen más de lo que son.

¿Podrías enfatizar en ese punto?

Lo que quiero decir es que nunca nadie es lo suficientemente bueno ni malo. Si te encuentras con un escritor exitoso, te parece que se pasa todo el tiempo ofreciendo disculpas por su éxito, quizá por el miedo de que lo acusen de comercial, mercenario, oportunista, o quién sabe. Si te encuentras con otro que es un desastre, te hace entender, gracias a sus quejas y reproches, que la galaxia entera juega en su contra, que todo a su alrededor se confabula para aplastarlo. Pero lo significativo entre escritores es que en todas las direcciones solo escuchas excusas, críticas y pajarerías, nada positivo.

¿Pajarerías? ¿Estás insinuando que los escritores cubanos son… gays?

Por supuesto que no. Es una expresión popular. Una cosa es tener preferencias sexuales y otra es la “pajarería”, que me gusta definir como una tendencia al chisme, la adulación, las apariencias, el cotorreo desmedido, la burla que no clasifica como burla sino como una ostentación de mediocridad, la aspiración al sofisma, la ironía vana que al final resulta ser un grito de auxilio y autosalvación y un tremendo etcétera que no alcanzaría a nombrar en una sola entrevista. Y no estoy diciendo que esté en contra del debate, la polémica, pues eso origina desarrollo; hablo de pajarería, que es sinónimo de perreta.

¿Y tienes algo en contra de la crítica?

La crítica es un método positivo para mejorar algo, pero esa crítica debe estar fundamentada, de lo contrario favorece al problema. Si una obra no te gusta no quiere decir que sea mala; por lo que un crítico debería ser, en cada caso, un conocedor objetivo y profundo de la materia que analiza, y no alguien que simplemente se deja arrastrar por su subjetividad. Una crítica sin fundamento solo habla de las carencias del propio crítico.

¿Crees que ese sea el motivo por el cual en Cuba hay poca o nula crítica literaria?

La crítica es un resultado, una guía. Si te parece que no hay suficiente será porque las condiciones aún no están creadas. Hacer por hacer no basta, es preciso que la crítica cumpla una función real, que forme parte de una infraestructura terminada, que sea visible cuando el libro en Cuba sea visto como un objeto comercial y no solo cultural, que sirva para guiar a ese lector que no sabe dónde buscar.

¿Y cuál es tu criterio de la narrativa cubana contemporánea?

Mi criterio es que hay una masa de escritores de todas las edades que están creando la Literatura Cubana, desde diversos e insospechados sitios del país, y que escriben sobre cualquier tema, quizás sin la consciencia de formar parte de la Literatura Cubana sino de sentir que pueden y quieren escribir. Muchos son escritores sin saber que son escritores y otros lo saben muy bien, pero todos forman parte del cuerpo escritural de la nación. Aunque, ahora que lo pienso bien, ¿eso no es lo que ha sucedido y sucede siempre?

¿Bueno, una última pregunta: qué le dirías a los escritores jóvenes?

Puedes decírselo tú mismo.

¿Yo?

¿No me digas que a estas alturas algún lector va a creer que no inventaste esta entrevista como un pretexto para hablar por un rato de Literatura Cubana?

Este… vengo ahora… voy al baño…

 

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