Segundas partes… resultan buenas para el cartel cubano de cine

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Nelson Herrera Ysla, La Habana, mayo de 2017

Precedido de un cuidadoso trabajo editorial a cargo de Gilberto Padilla, en meses recientes salió a la luz el libro El cartel cubano llama dos veces, en la Colección Cuba de Ediciones La Palma, España, debido a la autoría de Sara Vega Miche, especialista de la Cinemateca de Cuba y que tiene a su cargo todo lo relacionado con la producción gráfica cubana y las exposiciones vinculadas al cine.

Una entusiasta colaboración entre esta institución cubana —específicamente de su Director, Luciano Castillo— e Ignacio Rodríguez, a cargo de dicha Colección Cuba, hizo posible el milagro de publicarse tan importante libro que, en poco más de 240 páginas pone a disposición de los lectores un valioso resumen de lo mejor de nuestra cartelística nacional vinculada específicamente al cine cubano la cual, desde los años 60 del siglo pasado encontró resonancias inmediatas en el espectador cubano y de otras latitudes debido a su eficacia y belleza concentradas en un formato estándar de tan solo 56 x 71 centímetros e impresos en la tradicional técnica serigráfica, conocida también como silkscreen.

Sara Vega hace un pormenorizado recuento escrito (fruto de sus investigaciones a lo largo de varias décadas) de los carteles producidos para películas cubanas desde principios del siglo xx hasta 1959, fecha ésta marcada por los cambios llevados a cabo en la política, la sociedad y la cultura cubanas debidos al triunfo de la Revolución. El texto, ilustrado con variedad de ejemplos desde el año 1960 hasta el 2011, pasa revista a problemas de producción de dichos carteles y su circulación en espacios públicos y privados, y en los que es posible disfrutar, además, de algunos de los insólitos bocetos preparados por los diseñadores cubanos tomando en cuenta las difíciles condiciones en que fueron concebidos e impresos.

En una segunda parte del libro, llamémosle así, se encuentra la Galería en la que se pueden ver hasta el final de libro, en diferentes tamaños, numerosos carteles realizados por los reconocidos diseñadores cubanos de aquella inicial etapa hasta los que han realizado los jóvenes diseñadores de hoy, considerados algo así como el relevo generacional necesario y esperado y que permiten llamar la atención por segunda vez en la historia.

Durante este recorrido visual donde predominan los intensos colores y los estilos personales de cada diseñador, se hizo hincapié en la obra de los más notables cartelistas tanto de la primera etapa como de la última, divididos en los dos momentos significativos: los años de 1960 hasta el 2000 y de ahí en adelante.

Una bien escogida calidad de impresión permite comprender mejor la diversidad autoral y estilística de todos esos años y seguir de cerca lo que en un momento histórico específico representó la imagen visual de Cuba hacia dentro y hacia fuera de la Isla. Para los interesados y para aquellos que por primera vez se acercan a ellos… “Estos carteles de cine cubano perdurarán como expresión de una manera de hacer específica en el contexto de la Isla, y la serigrafía será su sello distintivo en la cartelística mundial. El destino pudiera ser otro, desconocido hoy, aún por escribirse. Ojalá y siempre sea a favor de los carteles…

 

 

De carteles, toreros, y papagayos

El martes 9 de mayo se unieron en Madrid tres valiosos insumos para el disfrute y promoción de la creación artística cubana: por un lado, Antonio Ponte, y poeta cubano afincado en Madrid; por otro, el espacio e interés de la librería Juan Rulfo Fondo de Cultura Económica; y las 15 obras cubanas que Ediciones La Palma ha publicado entre 1994 y 2017.

Presentación de las Obras cubanas de La Palma (1)

No suele ser común que una pequeña editorial, como La Palma, presente una serie de obras, en diversas colecciones, sin otra justificación que su nacionalidad. En este caso, la singularidad cubana vuelve a hacerse presente en un proyecto editorial que, desde sus inicios, mantuvo tan viva relación con su “octava isla”. Fue partir de 2014, que La Palma logró destinar recursos para normalizar su relación editorial con la otra Isla, abriendo dos colecciones singulares y cubanas.

Es en este momento en que La Palma comienza a exhibir cierto músculo editorial, tanto con la Colección G., que comienza a posicionarse como una nueva (y única, que sepamos) tentativa de hacer edición independiente y hermanada entre Cuba y España; y Colección Cuba que, gracias a los apoyos de diferentes instituciones cubanas y españolas, logra echar a andar su ambicioso proyecto con la Cinemateca de Cuba, publicando un ensayo sobre la cartelística insular, principalmente cinematográfica.

libro poesía

Han pasado más de 20 años desde que La Palma publicara la antología de la poesía cubana de los años 80, donde el mismo Antonio Ponte no solo aparece antologado, sino que además advierte contra sus peligros: ninguna otra generación de poetas anteriores fue objeto de tantos y tan tempranos intentos de ser antologada. Todo ello en una época en la que, como afirma Alicia Llarena en el prólogo, esa “generación precoz” carecía de posibilidad no solo de publicar sus relatos, sino que vivía incomunicada y dispersa entre sí. Un cuarto de siglo después, muchos de ellos (y ella: Sonia Díaz Corrales), viven fuera de Cuba.

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Antonio Ponte se dio a la tarea de presentar las obras editadas en estos últimos cinco lustros. Comenzó, tal vez, por su preferido: Lorenzo García Vega. Como buen poeta, se centró en las obras poéticas que La Palma ha tenido ocasión de publicar en España (Isel Rivero, Orlando González Esteva, Soleida Ríos), alabando el canon personal de Virgilio López Lemus, quien se atrevió a colocar La lágrima infinita al lado de Niágara o Hierro en su Mural de poesía cubana.

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También aludió a la importancia del proyecto de La Palma con la Cinemateca de Cuba, de quien alabó la superación de viejas consignas reduccionistas que invisibilizaron el cine previo a 1959. Tuvo tiempo para referirse a la Colección G., de la cual expresó, centrándose en Malditos bastardos, interesantes ideas, como la que sigue.

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La antología aparece como un cartel de toros. Pero dice que en esta plaza no lidian ni Pedro Juan Gutiérrez, ni Leonardo Padura, ni Zoe Valdés. Vengan que hay buen toreo. Es un cartel programático que va a seguir toda la colección, y que va a guiar la educación literaria de este grupo de escritores, quienes ven, en los tres escritores mencionados, el triunfo editorial extranjero. Ven en ellos el cumplimiento de todos los tópicos que un editor extranjero le pide a la literatura cubana: los derrumbes, las jineteras, la miseria. ¿Qué quiere un editor español, casi siempre? -no es el caso de La Palma- Quiere un papagayo. Un ave tropical que luzca muy bien en la foto y que diga unas palabras divertidas que tengan tono local. Los escritores G. niegan la búsqueda del papagayo. Ellos no son papagayos y no quieren buscar el papagayo, e incluso pudiera decirse que, en ellos, programáticamente, hay un deseo de no ser papagayos. Eso es evidente y es importante. Sin embargo, pensando ya en recorridos más largos, el hecho de no querer ser papagayo te despluma muchas veces. Cuando no querer ser papagayo se convierte en una obsesión, de algún modo estás papagayizando tu vida.

Presentación de las Obras cubanas de La Palma (2)