«Cuba en sepia», de José Antonio Michelena, Premio de la Crítica en Literatura

La Habana, 2 de diciembre de 2016

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«Cuba en sepia», del ensayista cubano José Antonio Michelena, gana el Premio de la Crítica en Literatura. Este importante galardón es otorgado por un jurado de críticos a los libros más importantes publicados durante el año en Cuba.

El libro está formado por breves crónicas sobre historias y costumbres cubanas que el autor se propone rescatar del olvido y traer al presente. A través de una labor ilustrada, que toma como base la búsqueda bibliográfica, Michelena se acerca al lector (y lectora) más heterogéneo y no solo lo seduce con la diversidad temática, sino que la brevedad, sencillez y espontaneidad de la narración hacen de ella una lectura amena y enriquecedora. Así, se reactiva la memoria (o el conocimiento) en el reencuentro con personajes y celebridades del ámbito cubano, la evocación de tradiciones vernáculas de antaño y el relato de sucesos memorables.

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«Cuba en sepia» es hermana gemela de «Cuba: Memoria y desolvido», segundo volumen de la  Colección Cuba de ediciones La Palma, que fue editada en España en 2015 con un prólogo de Leonardo Padura.

Habíamos entrado en el siglo xxi cuando José Antonio Michelena comenzó a frecuentar esta tipología periodística. Tenía a sus espaldas la tradición fijada por tantos ilustres cultores del género y, además, su empeño se desarrollaría justo en unos de los períodos más lamentables del periodismo cubano (una verdad que muy pocos se atreven ya a rebatir).

Michelena preparó la edición, en 2015, de «Mural de poesía cubana», número inaugural de la misma colección de ediciones La Palma, cuyo autor es el también ensayista cubano Virgilio López Lemus.

Breve guía para rastrear escritoras cubanas

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Por: Javier Rabeiro Fragela

9 de marzo de 2013

Escribí esta especie de guía para un amigo brasileño de visita en Cuba, interesado de pronto en la literatura cubana escrita por mujeres. La escribí y se la entregué, ya que él estaba decidido a iniciar una búsqueda por todas las bibliotecas y librerías del país. Se trata de mi opinión sobre lo que he tenido la oportunidad de leer, de modo que hay muchas ausencias razonables. (No soy un lector sistemático, leo lo que me regalan, encuentro, hurto, o compro.) Pero de todas formas resulta una buena guía para quien de pronto se interese en buscar.

Pudiera comenzar con Juana Borrero, pero no vale la pena, sus poemas son tan espléndidos que hablan por sí solos, son un alegato contra el olvido del tiempo.

Con Gertrudis Gómez sucede lo mismo, nada que hacer.

Aurora Villar Buceta nunca publicó un libro, pero escribió varios cuentos. Abordó una literatura realista que, a pesar de tener ya más de cincuenta años, se siente lozana, refrescante, con innegables valores estéticos.

La expresividad de Dulce María está en cada uno de sus textos, son ondas electromagnéticas que empiezan a vibrar de solo acercarnos a sus libros.

Luego nos topamos con Dora Alonso y Fina García, ambas de una sensibilidad particular y recursos extraordinarios.

Nersys Felipe, María Elena Llana y Esther Díaz Llanillo aparecen después, con obras disímiles que van desde la más exquisita ternura hasta una observación de la línea entre lo posible y lo imposible.

La prolífica Marta Rojas impresiona con su erudición y sus vivencias.

Mirta Yánez aparece con el dominio de las historias que narra, ligado al encanto inevitable de su escritura.

Lina de Feria, llena de revelaciones y hallazgos, hace pensar más de una vez.

Mercedes Melo, con su explosión intertextual asombra, maravilla y enseña.

Nancy Morejón tiene el poder, no hay manera de comparar los latidos de sus versos.

Marilyn Bobes te puede hacer sangrar de placer, sobre todo con su poesía.

Gina Picart nos muestra una escritura bien bordada, con hilos fuertes, a veces epicúreos.

Aida Bahr clava su mirada, como una pica, en el lugar donde quiere que mires.

Mayra Montero nos narra su perspectiva. Algunos me han dicho que no hace literatura cubana porque no vive en Cuba, sin embargo, eso no tiene la menor importancia, ¿acaso no son cubanas Alejandra Pizarnik, Laura Esquivel, Nadine Gordimer, Margaret Atwood, J.K. Rowlings o Marguerite Yourcenar?

Laidi Fernández, a veces nostálgica, a veces divertida, nos insufla su aliento.

Mariela Varona es la emancipación, la libertad.

Mylene Fernández es la inspiración.

Nara Mansur nos canta con una voz histriónica y emotiva.

Anna Lidia Vega crea una enajenación en el lector, es como una droga, una vez que la lees no puedes vivir sin ella (deberían prohibirla).

Karla Suárez va en busca del rastro de la anécdota, su rocío es perdurable.

Haydée Sardiñas es el realismo con espejuelos azules.

Teresa Cárdenas hace magia con la tradición, enriquece el folclor con sus historias.

Ena Lucía Portela te mostrará la verdadera cara de las cosas, su ironía, unida a la argucia literaria, organizan incendios.

Rebeca Murga es para mí la introspección contenida, el pensamiento en su recorrido.

Mildre Hernández, no puedes morir sin robar sus escritos y leerlos en secreto como una carta dirigida a tu alma.

Gleyvis Coro, directa como una saeta, puede atravesarte en segundos.

Evelyn Pérez logra sacudir montañas. Cuidado.

Souleen Dell’Amico, su sensibilidad es trastornadora, léela a distancia.

Yanira Marimón, golpe seco y estremecedor.

Yordanka Almaguer, una suculenta experimentación clásica (si es posible que eso exista).

Adriana Normand, concisión sin límites.

Polina Martínez, hondura estructural, estética que reventará en tus manos.

Aymara Aymerich, lucidez encendida todo el tiempo.

Greity González, se me antoja como un moderno clasicismo con una elaboración terminada.

Agnieska Hernández, el desafuero, lo impensable.

Dazra Novak, aborda la escritura con puntos de vista que derretirán tu intelecto.

Yamila Peñalver, construye su texto con un cincel de apropiaciones sui generis.

Adriana Zamora, una voz que te perseguirá sin querer a todas partes, aun después de haber cerrado el libro.

Zulema de la Rúa, sensualidad pura.

Mónica Ravelo, caracterización de la intensidad.

Elaine Vilar, imaginación, alas en los pies.

Anisley Negrín, intensidad, bridas rotas, llegar a algo.

Marvelys Marrero, hay una marca en lo que toca (no se quita con jabón).

Jamila Medina sabe tender trampas con hilos de araña, caerás en ellas.

Liany Vento, tiene algo que decirte, ve a buscarlo.

Susana Haug, su lenguaje te tomará de la mano para señalar a lo lejos.

Legna Rodríguez, esde la erupción de sus palabras, ¿qué no se convierte en lava?

Marlene Lufriú, tendrás deseos de desayunar sus textos, saborearlos como un helado.

Hay más, muchas más que no he leído y tal vez leeré. Muchas veces me he preguntado cuál será la mejor de todas, cuál se burlará eternamente del tiempo. Una mañana le hice esa pregunta a Alberto Guerra. Fue una pregunta general, me refería a todos los escritores de la historia. Alberto sonrió, señaló a su izquierda y me dijo esta cosa interesante: “El mejor escritor de la historia será siempre el muchachito(a) de trece años que vive al doblar de la cuadra, ese que le ha mostrado sus textos inéditos a varias personas y que cuando se habla de literatura, ya tarde en la noche, sale a relucir como el muchachito(a) que escribe tremendos cuentos”.

Supongo que eso es lo que me ocurre con la literatura cubana escrita por mujeres. Después de leer un cuento o un libro me digo: ¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo estas mujeres escriben tan bien? ¿Cómo son tan buenas? Luego, por supuesto, le doy paso a la negación, cierro los ojos ante lo evidente. Me digo con los dedos cruzados: Son una mierda. No sirven para nada.

 

 

«El pecado original de la literatura cubana» por Leopoldo Luis

Amigos, amigas, rastreando por la red he encontrado un artículo esclarecedor sobre la condición y destino de los nuevos creadores en Cuba (o debiera decir de Cuba). Sin duda la exposición de motivos no nos deja indiferentes; es parte, precisamente, de lo que llevó a ediciones La Palma a apostar por difundir la Colección G. en España en boca de sus «Malditos bastardos».

Hace poco conocí a un escritor nacido en Cuba, residente en Texas y en tránsito por la Florida, adonde vino a presentar un libro. Un intelectual formado en la Universidad de La Habana que enseña literatura en Houston y publica una novela en Miami. Le comenté a un colega de trabajo y su respuesta me dejó pasmado: “Está bien”. Pero no estaba tan bien desde mi estrecha visión acostumbrada a los estrechos bordes de una Isla igual de estrecha. Se lo dije. “Es buena para él esa universalidad”, añadió el colega. Tal vez no fue “universalidad” lo que dijo sino “cosmovisión” o “ampliación de los horizontes” o cualquier otra cosa… Lo que importa es la idea. Lo que importa —desde su visión acostumbrada a los anchos bordes de un Continente todavía más ancho— es la riqueza que aporta al Individuo dotado de identidad cultural el injerto en tallo ajeno, con la subsiguiente diversificación de una Cultura por naturaleza híbrida. “¿Y el país?”, me dije. El País. El doloroso desmembramiento de una Nación dotada de identidad cultural que se reparte en miles de pequeñas piezas. Riqueza individual vs pobreza nacional… El pecado original, ¿quién lo comete? ¿La Serpiente o Eva?

Un grupo de jóvenes escritores cubanos recibe un curso gratuito de técnicas narrativas y resuelve cambiar el rostro a la literatura insular. Escriben uno, dos, tres cuadernos de narrativa o poesía (la mayoría en el límite de las 80 cuartillas) y los ponen a concursar. Algunos ganan. Al año siguiente los incluyen en el programa de actividades de la Feria Internacional del Libro. Los galardonados viajan a provincia. Los más afortunados irán al extranjero en representación de la “joven literatura cubana”. Los cuadernos se publicarán con cierto retraso, pero se publicarán al fin y los autores tendrán la opción de comprar cincuenta de ellos a precio de costo (unos cincuenta centavos menos que el precio de venta) y los regalarán a familiares, los presentarán en peñas, cosas así… Si el escritor tiene a su vez un buen amigo contará con una reseña laudatoria en la sección cultural de una revista. Fuera de su provincia no se entera nadie (si el escritor vive en provincia). Fuera de La Habana no se entera nadie (si el escritor vive en La Habana). Fuera de Cuba no existen (ni los de La Habana ni los de provincia).

Las razones que determinan la no-existencia de un escritor cubano vivo son varias: a) El escritor vive en un pueblito de Las Tunas y cuando al fin le publican sus cuentos, la tirada, que no rebasa los quinientos ejemplares, no sale de las librerías locales y los almacenes del Centro Provincial del Libro. b) El escritor vive (o no) en la capital y se alza con un premio más o menos importante que le garantiza su inclusión en el Plan de Publicaciones del Año. El resultado es un volumen digno (impreso probablemente en Colombia) que se añeja en los estantes o se esfuma incomprensiblemente para jamás volver a escena. c) El escritor no vive en Cuba, en cuyo caso el interés por su obra decae hasta desaparecer entre los editores del patio.

Un grupo de escritores cubanos se organiza en la Diáspora y funda una peña literaria que se reúne una vez por mes. Como no hay Centro Provincial del Libro ni Unión de Escritores y Artistas ni concursos ni premios, optan por publicarse a sí mismos, crean un sello editorial y echan mano a plataformas independientes en la web. Los escritores podrán comprar sus propios libros (con alguna rebaja en el caso de los autores) y revenderlos después durante presentaciones efímeras. Los amigos se encargarán de reseñar las obras en blogs también efímeros y no pocas veces hostiles a los motores de búsqueda. Para favorecer el desconocimiento los desconocidos se desconocen entre sí desde sus respectivos pedazos de costa y la literatura cubana (o escrita por cubanos, no importa si más allá o más acá) termina por desconocerse a sí misma.

Las razones que determinan el no-conocimiento de la literatura cubana actual varían: a) Se escribe en el batey de un antiguo ingenio matancero y a los vecinos del autor, a sus allegados, a los menguados lectores, a las autoridades del municipio, tanto el sujeto como su obra les importan un bledo. b) Se escribe en un suntuoso apartamento del Vedado y el autor conquista premios sucesivos y consigue llamar la atención de los colegas del gremio; comienzan a emplearlo como jurado en concursos similares a los que ganó unos meses antes, lo inscriben en la Unión de Escritores y lo dejan envejecer tranquilamente. c) Se escribe en cualquier ciudad del mundo desde la condición de inmigrante y se logra publicar un par de libros en editoriales mediocres o de limitado alcance que no mueven un dedo para mercadear sus productos. Escritores itinerantes tildados de “traidores” en la patria que los vio nacer (y partir). Escritores estacionarios tachados de “oficialistas” fuera de la patria que los vio quedarse (y tal vez morir). Parias literarios para los adalides de la orilla opuesta… El pecado original, ¿quién lo comete?

ISLIADA, agosto 2014

Libros

Libro de Daniel Acevo Rodríguez