La Cuba que ya cuenta el cambio

vvaa

Amigos, amigas,

en el intento de recuperar noticias sobre creación literaria cubana actual hemos encontrado otra mención en el suplemento actual de Babelia de El País, que ahonda en su rastreo de la creatividad literaria (ya van 3 esta semana). En este caso no esperen mucha (más bien ninguna) profundidad en el escrito, además de recoger viejas y muy disímiles voces y mezclarlas con algunas casi nuevas (Jorge Enrique Lage) y no tan nuevas (Wendy Guerra). Al final un decálogo de títulos de narrativa (no se entiende bien qué pinta el de Gutiérrez -de 1998- para entender la Cuba de hoy…) y ensayo. Nos place encontrar al menos un autor (Lage) de la llamada Generación del Año Cero, que son quienes están haciendo nueva literatura en la Cuba de hoy (y sus extramuros, al menos por ahora).

La literatura va por delante de la política en la isla. Muchos escritores exponen sin miedo su visión crítica del país y retratan el desencanto de su generación

Cuba todavía sigue siendo un país con dos monedas, como la nueva generación literaria, separada en dos territorios físicos. Los nietos de la revolución fueron educados como pioneros en el marxismo-leninismo, en el seno de familias que apoyaron a Fidel Castro, pero esa primera generación anticapitalista se cansó de escuchar discursos utópicos que poco aportaban sobre la vida cotidiana. Unos se fugaron de esta isla del Caribe, hartos de persecuciones en busca del porvenir, pero otros decidieron quedarse y esquivar la censura desde el corazón de La Habana, en el marco de lo que algunos teóricos califican como poscomunismo dentro del comunismo. El Granma, órgano oficial del Partido Comunista, se vocea por las calles, pero la decadencia del régimen admite variables diversas: escritores que publican fuera de Cuba y son silenciados dentro, narradores cuyos libros se editan en ambos territorios y una larga lista de apátridas que escriben en la distancia. En ambos casos, Cuba protagoniza muchos de sus relatos pero no se leen como retratos amables del régimen. Como sus antepasados, todos parecen tocados por esa enfermedad llamada insularidad, esa maldita circunstancia del agua por todas partes, y un fuerte sentido de la pertenencia. Algo que Leonardo Padura resume sencillamente: «El problema de los cubanos es que ni huyendo de Cuba salimos de la isla».

La literatura ya ha contado los grandes cambios que se avecinan tras el anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Los escritores jóvenes ya no tienen la visión de sus padres. A finales del siglo XX una literatura de indagación social y crítica comenzó a narrar el desencanto y la visión de la gente, basada también en el conocimiento de la vida al otro lado del Malecón, el paseo habanero que separa la tierra del mar y cuya esencia es ser frontera orgánica y espiritual del país. Mario Conde, el detective de ficción creado por Leonardo Padura que radiografía moralmente la vida en la isla del Caribe, lleva tiempo recorriendo el mundo y su novela El hombre que amaba a los perros, un relato pormenorizado del asesinato de Trotski, se ha convertido en un éxito. Fue publicada por Tusquets en España.

Como algunos de sus colegas, Leonardo Padura (La Habana, 1955), uno de los narradores que mejor representan los nuevos tiempos de la dictadura comunista y la coyuntura actual, viaja por el mundo cuando lo desea. Durante medio siglo los cubanos no pudieron moverse de su país con libertad. La frontera estaba cerrada por ley y tan difícil era salir como volver, pero la política de cambio emprendida por Raúl Castro en enero de 2013 posibilitó las entradas y las salidas, aunque todavía quedan exiliados que algunos califican como de alta intensidad que no consiguen superar las trabas burocráticas (más bien políticas) para moverse por el país. No es el caso de Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970), que pertenece a la categoría de exiliado de baja intensidad. Vive en Madrid y abandonó su país hace dos décadas, pero no posee estatus de opositor y sus libros son críticos aunque no atacan personalmente a los hermanos Castro. «Entro y salgo con facilidad, lo que provoca resquemores con cierto sector intelectual del exilio de Estados Unidos. Personalmente me interesa mucho la política, pero no busco el enfrentamiento radical. Hace un año que falleció mi padre y pude despedirme de él, algo que no pueden hacer todos los que lo deseen». Este año ha publicado Rojo aceituna en España y es autor de una decena de libros, uno de los cuales, Amores desalmados, se publicó en Cuba en 2011. Rojo aceituna, un recorrido por los países comunistas desde Latinoamérica a Asia para ver lo que queda del rojo anunciado, se lee como un ácido libro de viajes.

Padura no vive bajo la amenaza de la censura. Dispone de nacionalidad española pero sigue viviendo en Cuba porque quiere permanecer cerca de sus «nostalgias y amores». Se define como «un escritor cubano que escribe sobre Cuba. La pertenencia me ató a mi país, al Malecón y a mi barrio. Un escritor es su cultura y su lengua», aseguraba Padura en una de sus visitas a Madrid.

En Cuba la moda no existe aunque en la marea callejera se impone el leggins de tonos fluorescentes. En el célebre mercado de libros de segunda mano, en la turística plaza de Armas, los iconos no se han renovado en los últimos setenta años pero algo ha cambiado. Los músicos callejeros recrean las canciones de Silvio Rodríguez y las fotos de Korda sobre el Che Guevara comparten estantes de madera con algunos libros de Lezama Lima, títulos de Hemingway que recuerdan su paso por la isla junto con álbumes de la Revolución para niños que ya deben ser padres. De la nueva fotografía cubana no hay ni un rastro. Entre los libreros de los puestos de segunda mano, la obra de Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez recibe piropos. «Son los únicos escritores que hablan de la realidad del país», dice uno de ellos. Algunos de sus títulos se venden allí mismo. En cambio, si se les pregunta por alguno de los prohibidos o silenciados pasan en segundos de la cara de póquer a la inmediata reacción comercial. «Bueno, ahora no tengo aquí ese libro de Wendy Guerra pero si lo desea se lo puedo conseguir…». Los cubanos cuentan que eso mismo pasaba hace años con Antes que anochezca, la memorable biografía de Reinaldo Arenas que solo se pudo leer fuera del circuito oficial.

En la calle del Obispo, con flamantes librerías, algunas de varios pisos, atendidas por un buen número de funcionarios, tampoco se localizan las últimas novedades. Bolaño o Volpi no existen. En las librerías no hay opciones bajo cuerda, pero en estantes móviles se pueden conseguir revistas culturales históricas como La Gaceta de Cuba o El Caimán Barbudo, entre otras. El escritor Reynaldo González, periodista y uno de los más prestigiosos ensayistas cubanos, perseguido durante casi una década por el régimen por ser homosexual, ve claros signos aperturistas. En su opinión, la mermada industria editorial local no permite muchos dispendios, pero funcionan distintas casas editoriales donde publican lo mismo escritores jóvenes que consagrados como Ana Lydia Vega, Jorge Enrique Lage —su obra Carbono 14. Una novela de culto, publicada en 2010, hace honor a su nombre— y Mirta Yáñez, entre otros. También se editan libros que llevaban años guardados, como Hablando de fantasmas y mucho más, de Esther Llanillo, de 86 años, jubilada tras treinta años como bibliotecaria en la Universidad de La Habana. La narrativa fantástica se codea ya con la histórica, géneros casi marginados en el reino del realismo socialista. «El triunfo de la revolución tuvo tal consenso que arrasó todo. ¡Ojalá se hubiera producido un enfrentamiento ideológico! En los setenta la izquierda estalinista impuso su criterio y los que no estaban de acuerdo tuvieron que abandonar la plaza camino del exilio. Ahora nadie catequiza sobre cómo debe ser el arte, todo eso forma parte de la historia oficial que se convirtió en fracaso. Tampoco al otro lado, la voz del exilio es la misma, muchos tienen hijos que ya ni siquiera hablan español», cuenta Reynaldo González en su residencia habanera, en el barrio del Vedado, una mansión destartalada con un jardín tropical a la entrada que cuida personalmente.

Wendy Guerra (La Habana, 1970) vive en el barrio de Miramar, una de las antaño zonas residenciales de la ciudad. Su casa ocupa la última planta de un edificio de tres pisos de aspecto destartalado al que se accede tras franquear una verja de seguridad. El interior, decorado en estilo minimalista con sofá blanco y mecedora de Charles Eames, resulta totalmente acogedor y extraño en una ciudad donde los edificios parecen a punto de derrumbarse y el asfalto como si no se hubiera tocado desde que Fidel entró en La Habana en 1959. Todo en la cocina es órganico, y el zumo que ofrece al visitante, natural. Se hizo tremendamente popular gracias a la televisión, donde presentaba programas, pero hace años que fue silenciada por el régimen. La gente acostumbrada a verla en pantalla le pregunta por la calle si se ha marchado a vivir fuera de Cuba, a lo que ella responde que vive en el inxilio. Triunfa fuera pero sus novelas no se publican en la isla. Sin embargo, ella decidió permanecer en una sociedad desgastada y dividida: «Es bueno quedarse con lo malo de lo bueno. Aquí llevo una vida esforzada pero legítima. Soy coherente con las herramientas que todo el mundo usa; uso las bibliotecas y voy a los hoteles para entrar en Internet. No podría vivir aquí como un extranjero. No soy una activista política, sino una escritora», cuenta a velocidad de vértigo.

Cuando sale de la isla y se reencuentra con sus compatriotas siente una enorme alegría. «Son mis hermanos», aclara. «No entiendo que desde el exilio se nos siga atacando. Los intelectuales están llenos de prejuicios, pero ya es hora de declarar el alto el fuego. No podemos seguir repitiendo las historias de nuestros padres».

Graduada en Dirección de Cine en el Instituto Superior de Arte y alumna de García Márquez en su taller de guiones, como escritora se mueve en el territorio de los diarios, y su novela Todos se van, un relato autobiográfico de cómo vivió la diáspora de todos sus amigos y conocidos una hija de la Revolución, se lee como una de las críticas más devastadoras del comunismo, escrita desde la visión de una niña.

Wendy Guerra se hizo popular en televisión pero hace años que fue silenciada. Ella dice que vive en el ‘inxilio’

Como escritora siente que desarrolla una carrera personal que no pudieron hacer los padres de su generación porque ellos nunca pensaron en tener algo suyo en primera persona del singular. «De niños no pudimos elegir, fuimos educados en el marxismo con la idea de que nada de lo que teníamos era nuestro, todo pertenecía al Estado y yo me rebelé contra eso». Los días en Cuba se parecen mucho, pero, en ese adagio de lo mismo, Guerra saca los temas que pueblan sus libros. Ahora vive dedicada a recibir a los amigos que se fueron y que regresan a la isla a despedirse de sus padres enfermos o directamente a enterrarlos. Y no hablamos de una figura literaria. «Está desapareciendo una generación, viejos comunistas que apoyaron a Castro y gente que, en algunos casos, se enfrentó con sus hijos cuando decidieron marcharse». Quizás escriba sobre ese enorme drama en alguno de sus diarios. «Hay muchos infiernos; el socialismo nos ha hecho muy insolidarios».

A caballo entre dos generaciones y entre dos países emerge la figura de Pedro Juan Gutiérrez. Consiguió un filón contando con desgarro su vida erótica, pero sufrió la censura y los insultos. «Cuando se publicó en octubre de 1998 Trilogía sucia de La Habana en mi país, me echaron a la calle de la revista donde trabajaba y se corrió un muro de silencio a mi alrededor. Yo saqué fuerzas y me dije a mí mismo: pues, en primer lugar, no me voy a ir a Miami ni a ningún lado, aquí me quedo porque este es mi país y voy a aguantar el chaparrón». Desde que empezó a redactarla su objetivo fue hacer literatura pero nada de entretenimiento. «Quería escribir sobre mi vida y sobre la gente que me rodea en Centro Habana. Era una etapa de mucha hambre, miseria, degradación. Yo trabajaba como periodista en una revista oficial y, claro, no podía escribir nada fuerte. No me dejaban. Creo que todos esos libros (cinco títulos) del Ciclo de Centro Habana son una especie de venganza. Cuando escribí el primer cuento de la trilogía me dije: ‘Ahora yo soy responsable de todo’. Y escribí a full. Sin importarme lo que pasaría después», cuenta vía correo electrónico desde Canarias, donde vive parte del año. La trilogía se ha publicado en una veintena de idiomas.

No soporta que lo etiqueten como el Bukowski cubano. «Mis personajes son mucho más vitales, variados, decididos, alegres y sexuales que los borrachitos retorcidos, grises, repetitivos y aburridos de Bukowski. Mis personajes tienen la vitalidad del trópico, la testosterona (y los óvulos efervescentes) y la gracia del Caribe. Son mis vecinos, la gente que me rodea. La gente que te vas a encontrar si paseas un poquito por Centro Habana ahora mismo y los que te seguirás encontrando dentro de 20 o 30 años». Ha terminado una novela titulada Fabián y el caos que se desarrolla en Matanzas en los años sesenta y setenta del siglo pasado, con un Pedro Juan adolescente y joven y uno de sus amigos de esa época.

Se muestra cauto con los cambios anunciados. «Estoy de acuerdo en que sean lentos, graduales, bien pensados y sobre todo que los mediten bien para que puedan seguir adelante, abriendo la sociedad a la modernidad. Fueron muchas décadas de mucha cerrazón, de muchas prohibiciones, y eso genera un caldo de cultivo nefasto, sobre todo entre los jóvenes». A su juicio, lo principal en este momento sería «activar la economía y los derechos individuales y el acceso a la modernidad en todos los sentidos. No podemos seguir viviendo en un coto cerrado. No tiene sentido y es anacrónico”.

10 libros para entender la Cuba de hoy

NARRATIVA
Trilogía sucia de La Habana. Pedro Juan Gutiérrez. Anagrama, 1988.
Todos se van.
Wendy Guerra. Bruguera, 2006 (reeditado este año por Anagrama).
La fiesta vigilada. Antonio José Ponte. Anagrama, 2007.
Carbono 14. Una novela de culto. Jorge Enrique Lage. Ediciones Altazor, 2010.
Hablando de fantasmas y mucho más. Esther Díaz Llanillo, Editorial Letras Cubanas, 2011.

ENSAYO
El mapa de sal. Un postcomunista en el paisaje global.
Iván de la Nuez. Mondadori, 2001 (reeditado por Periférica en 2010).
Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano. Rafael Rojas. Anagrama, 2006.
Fantasía roja. Los intelectuales de izquierdas y la Revolución cubana. Iván de la Nuez. Debate, 2006.
Rojo aceituna. Un viaje a la sombra del comunismo. Ronaldo Menéndez. Páginas de Espuma, 2014.
El viaje más largo. En busca de la cubanía extraviada. Leonardo Padura. Nuevos Emprendimientos Editoriales, 2014.

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Mural de poesía cubana, desde sus orígenes al vanguardismo

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Desde La octava Isla les presentamos el primer número de la Colección Cuba, un proyecto nacido en la Feria del Libro de La Habana del (todavía) 2014. El libro que ahora está en imprenta trata de conjugar el pasado poético de la editorial con la apertura a otros ámbitos creativos, como son la crónica, los cuentos, la novela, la fotografía.

Mural de poesía cubana, desde sus orígenes al vanguardismo, es una aproximación a la mejor poesía cubana, comenzando en este primer volumen por Manuel de Zequeira y Arango y deteniéndose en Rubén Martínez Villena. La selección e introducción fue realizada por Virgilio López Lemus, poeta y ensayista, académico titular de la Academia de Ciencias de Cuba.

Este libro es un recorrido por la lírica cubana desde sus orígenes hasta el vanguardismo; una muestra integrada por más de treinta autores y autoras que representan, al entender del académico, la mejor poesía de la isla en el largo periodo que va desde finales del siglo XVIII hasta la primera mitad del XX. Ilustra cómo se asienta y desarrolla una tradición  insular en el género y cómo se expresa desde temas diversos, en movimientos y corrientes diversas.

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Literatura cubana: medio siglo de censura, metáfora y apertura. Winston Manrique Sabogal, El País, Madrid 23 diciembre 2014

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Jorge Rey (AP)

Silencio, metáfora… apertura.

Silencio, decepción… verdad.

Estas son las dos vías paralelas de la literatura cubana en los últimos 55 años, desde que llegó Fidel Castro al poder. La primera vía es de aquellos que han escrito desde la isla y la segunda desde el exilio. Dos caras de una misma moneda que han mantenido viva la creación. El sino cultural en países con regímenes parecidos.

En este caso, “la relación estado-literatura en Cuba ha sido compleja y contradictoria; insana y, sin embargo, capaz de servir de caldo de cultivo para obras y autores de notable calidad; extremadamente paradójica”, resume Antonio Orlando Rodríguez, que empezó a publicar en la isla y hoy desde el exilio en Estados Unidos. Un vistazo atrás le permite mostrar esa paradoja porque, “el gobierno ha contribuido a darles alas a muchos escritores, a través de la educación y del acceso a la cultura, pero con la pretensión de que solo las usarían para volar entre las paredes de su jaula”.

El arco de esa historia lo trazó Seymour Menton en Caminata por la narrativa latinoamericana. Identifica seis fases literarias: La lucha contra la tiranía (1959-61), Exorcismo, existencialismo y autocensura (1962-65), Epopeya, experimentación y escapismo (1966-70), La novela ideológica, realismo socialista (1971-74), Novelas detectivescas y novelas históricas (1975- 1987) y La sexta fase (1989-2000). Faltaría una séptima, la del siglo XXI que podría ser Diversidad y apertura.

Si las novelas de 1959-60, explica Menton, “se caracterizan por sus héroes románticos que viven melodramáticamente durante un breve periodo novelístico de menos de un año, los protagonistas del segundo grupo son individuos angustiados cuya vida prerrevolucionaria carente de sentido justifica las arrolladoras reformas sociales llevadas a cabo por la Revolución”.

Entonces las voces disidentes empezaron a aparecer. Y con ellas la censura, aunque Castro dijera más de una vez que cada cual podía escribir lo que quisiera porque su gobierno no le iba a prohibir a nadie lo que escribiera: “Al contrario. Y que cada cual se exprese en la forma que estime pertinente y que exprese libremente la idea que desea expresar”. Lo hizo, sobre todo, en 1961 cuando los tres directores del suplemento cultural Lunes, del periódico Revolución, tuvieron que comparecer ante un tribunal del Partido Socialista Popular: Guillermo Cabrera Infante, Pablo Armando Fernández y Heberto Padilla. Los tres fueron enviados al extranjero en asuntos diplomáticos.

desde un punto estrictamente literario, el conflicto vivido era, es, una invitación a escribir”.

En el origen y en la cotidianidad de todo eso se detiene Abilio Estévez: “Politizaron nuestras vidas; nos obligaron a vigilarnos los unos a los otros; nos forzaron a vivir en estado de guerra permanente contra un enemigo que nunca nos atacó, y vivir en condiciones de guerra; nos exigieron entender una sola filosofía, el marxismo-leninismo; creímos entender que la verdadera vida estaba en otra parte y aprendimos que huir era la única solución… Y aunque parezca una frivolidad: desde un punto estrictamente literario, el conflicto vivido era, es, una invitación a escribir”.

Aunque la respuesta del Gobierno, en muchos casos, según Wendy Guerra, fue aplastar todo aquello que no alabara o contentara su ideal político. “¿En qué país crecí yo?”, se pregunta, y contesta: “En un país de escritores oficialistas, por un lado, o por el otro, de creadores muy agudos que lograron salir adelante gracias a fenómenos muy particulares o ayudas de personas brillantes y poderosas que los salvaron de la hoguera (esos fueron los pocos), en mi mundo personal conocí muchos seres acallados, criaturas sublimes castradas en su pensamiento, apabullados y atemorizados, poetas presos, homosexuales expulsados o condenados a trabajos forzados, nombres borrados del mapa intelectual cubano. Libros quemados. Deportación o exilios impuestos”.

Al comienzo, dice Carlos Alberto Montaner, “casi toda la producción literaria era prorrevolucionaria y cantaba la gesta (el lenguaje siempre es épico) de la lucha contra la dictadura de Batista. Desde hace unos 30 años eso comenzó a cambiar y hoy es abrumadoramente anticomunista, antiestalinista, en cantidad y calidad”.

hoy los jóvenes tocan temas impensables antes, como la homosexualidad o la falta de alimentos.

Ese acercamiento a la realidad lo comparte Antón Arrufat. Durante un tiempo, reconoce, se recurrió a la metáfora y a los símbolos, luego se hizo literatura de evasión, pero “hoy los jóvenes tocan temas impensables antes, como la homosexualidad o la falta de alimentos. Hay libros que, tal vez, literariamente no valgan pero como documento sí”.

Antes, en los ochenta, nace una nueva generación de artistas contestatarios, recuerda Zoé Valdés. Todo empezó por la pintura, dice, “luego le seguimos los escritores. Algunos ya habíamos leído a Cabrera Infante, Lezama Lima (prohibido entonces), empezábamos a tener noticias de Reinaldo Arenas, adorábamos a Lydia Cabrera. En los ochenta empezaron a hacerse performances callejeros muy herméticos y críticos. Eso alertó al Ministerio de Cultura, que en esa época quiso reunirse con los artistas y escritores contestatarios. Le dijimos lo que pensábamos, pero todo fue una tomadura de pelo para apretar más las tuercas de la censura. Muchos de los que estuvimos en aquella reunión nos fuimos al exilio en los años que se sucedieron”.

Censura es la palabra más citada. “Hay autores que no han sido publicados o que han dejado de serlo, por el contenido de sus textos, ya vivan dentro o fuera de la isla”, afirma Karla Suárez. Dentro de las mismas editoriales, agrega, “hay como una especie de resistencia, gente que intenta hacer las cosas de otro modo y se enfrenta. De otra parte, creo que la misma situación fomentó la creatividad, esa necesidad de contar, de dejar escrito en un papel lo que no salía o no sale en los periódicos”.

La realidad como materia prima y la adversidad como incentivo y recursos creativos se aprecia en Cuba en el arco que traza Alma Flor Ada: “De El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, que se nutre de los conflictos inherentes a las revoluciones: La injusticia que las provoca, el idealismo que las inicia, el absolutismo, los desmanes y las traiciones que pueden engendrar”; hasta El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura y el resto de su obra: “hace una profunda crítica al desgaste de los ideales revolucionarios, a las traiciones cotidianas que erosionan principios fundamentales. Pero a pesar de la crítica honesta y profunda ambos narradores dejan abierta la esperanza en el ser humano como ente social”.

Lo que da el marco principal a las dos orillas de la realidad cubana, es, según Isel Rivero, Guillermo Cabrera Infante: “Aunque no estemos todos de acuerdo por diferencias estilísticas u otras, es la obra de más consistencia de los últimos 50 años. El libro de Reinaldo Arenas, Antes que Anochezca, es ya la denuncia abierta al régimen. Y el libro de poemas de Heberto Padilla, Fuera del Juego, marcó un hito en la represión de intelectuales que habían sido leales al proceso”.

Lo que queda es el interrogante de Wendy Guerra: “¿Las personas que dirigen el país amaban, aman o disfrutan realmente las artes? Esa es la verdadera pregunta. ¿Hace falta que el gobierno sospeche de nosotros, de nuestra capacidad y éxito más allá del tópico político? No, el daño está hecho, somos nosotros los que sospechamos uno del otro, el profundo daño humano está hecho”.

Libros para conocer mejor la historia del Cuba bajo el castrismo (Winston Manrique Sabogal Madrid 23 DIC 2014 El País)

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Un grupo de escritores cubanos crea una cartografía literaria para conocer mejor la historia de su país en los últimos 55 años. Primero comentan algunos de sus libros en los que han abordado temas cubanos y después recomiendan a otros autores y libros.

ALMA FLOR ADA

«He escrito las memorias Vivir en dos idiomas, Alla donde florecen los framboyanes y Bajo las palmas reales, y las novelas En clave de sol y A pesar del amor.

«Sobre otros autores: El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, es una de las novelas más importantes de la literatura hispanoamericana, se nutre de los conflictos inherentes a las revoluciones: la injusticia que las provoca, el idealismo que las inicia, el absolutismo, los desmanes y las traiciones que pueden engendrar. El hombre que amaba a los perros y el resto de la obra narrativa de Leonardo Padura son una profunda crítica al desgaste de los ideales revolucionarios, a las traiciones cotidianas que erosionan principios fundamentales. Pero a pesar de la crítica honesta y profunda ambos narradores dejan abierta la esperanza en el ser humano como ente social.

«El poeta Nicolás Guillén tenía ya una voz potente antes de la Revolución, durante cuyas primeras décadas alcanzó aún mayores cimas. Esas primeras décadas fomentaron ampliamente las publicaciones en Cuba, tanto de libros cuanto de revistas literarias y dieron un amplio aliento a la literatura infantil».

ABILIO ESTÉVEZ

“He intentado reflejar mi manera de “interpretar” esa realidad que me tocó vivir, y como no podía ser menos, en casi todo cuanto he escrito. Aunque quizá haya dos novelas mías que pretendan una indagación más directa: Los palacios distantes y El navegante dormido. Para intuir una realidad tan difícil, habría que leer, además libros como La fiesta vigilada, de Antonio José Ponte; los ensayos de Iván de la Nuez o Rafael Rojas; La novela de mi vida de Leonardo Padura; Informe contra mí mismo, de Eliseo Alberto. Y por supuesto, dos clásicos: Reinaldo Arenas y Guillermo Cabrera Infante. Aunque no se me escapa que dejo fuera libros y autores que la brevedad de esta nota me impide señalar».

WENDY GUERRA

«Los autores cubanos que no pudieron o pueden hoy publicar en su patria son escritores sin país, y para muchos, es casi un favor ser editados por editores foráneos porque no todos son negocio para esas editoriales. ¿A quién le importa hoy en tópico cubano? Tiene que ser algo excepcional para despertar tal interés internacional. A los agentes literarios les cuesta mucho venderlos porque su verdadero y numeroso público está en Cuba y aquí no pueden ser comercializados.

«La consecuencia general de todo esto son los bandos políticos, el odio que destilan los blog que se escriben de lado a lado. El combate de insultos y vanidad, desencanto y decadencia es, muchas veces incomprensible para el resto del mundo.Otra de las consecuencias es la pérdida del respeto por parte de los observadores, teóricos, intelectuales o editores extranjeros que, cuando escuchan o leen dichas discusiones aparentemente agudas, pero bordadas de indescifrables insultos, nos retiran su atención. A esto le llaman “rollitos cubanos” o “alta chusmería política”.

«Mis libros puntuales para nombrar lo vivido en estos años son: Negra, Todos se Van, y que hoy es un filme de Sergio Cabrera y que parte de un Diario Personal que abarca la infancia y adolescencia de Nieve Guerra una niña cubana en años en los que el estado, muy por encima de sus padres, decidía su suerte, su destino y el de sus contemporáneos. También citaría Nunca fui primera dama, este libro habla sobre estas cinco décadas donde la mujer no ha tenido voz dentro del poder real de la vida política cubana.

«Recomiendo a Pedro Juan Gutiérrez, Reinaldo Arenas, Cabrera Infante, Dulce María Loynaz, Leonardo Padura, Eliseo Diego, Reina María Rodríguez, William Navarrete, Ena Lucía Portela, Sigfredo Ariel, Atilio Caballero, Guillermo Rosales, Lezama Lima, Carlos Victoria«..

CARLOS ALBERTO MONTANER

«He escrito varios libros sobre el tema. Las novelas Perromundo (sobre la dolorosa elección entre la sumisión o la muerte), La mujer del coronel (sobre el control afectivo de una revolución que persigue el adulterio de las mujeres casadas con oficiales del ejército y cuadros del Partido) y Tiempo de canallas. Esta novela se centra en la vida ficticia, pero tejida con elementos reales, de un hispanocubano aparentemente trotskista, que participa en la guerra civil español. Esta es una narración sobre la traición, enmarcada en el ambiente de la Guerra Fría. Pronto saldrá publicada en España bajo el sello de Edhasa. También libros de ensayos: Informe secreto sobre la revolución cubana, Cuba: un siglo de doloroso aprendizaje, Viaje al corazón de Cuba y Los cubanos: historia de Cuba en una lección, entre otros.

«Entre las recomendaciones de otros autores la mejor historia de Cuba, con mucho, es Cuba: economía y sociedad (16 volúmenes) del profesor Leví Marrero. Es una portentosa obra, increíblemente escrita por un autor que, sólo con la ayuda de su mujer, en una modesta casa de Puerto Rico, reconstruyó la historia colonial cubana. Hoy ésa sería la obra de un equipo de investigadores».

KARLA SUÁREZ

«Entre mis libros señalo dos novelas. Silencios (Premio Lengua de Trapo): una protagonista de mi generación que narra la vida de su familia desde los años setenta hasta la caída del muro de Berlín. Y Habana año cero (Premio Carbet del Caribe, inédita en España): cinco personajes se aferran a una absurda idea con tal de sobrevivir en 1993, el peor año del “Período Especial”.

«Recomiendo a Leonardo Padura y Jesús Díaz que narran períodos diferentes. Además, Cien botella en una pared, novela de Ena Lucía Portela y Habana Babilonia, un excelente ensayo de Amir Valle sobre la prostitución».

ZOÉ VALDÉS

«Pese a que varios de mis libros fueron escritos dentro de Cuba, he escrito una literatura del exilio, como casi toda la gran literatura que se ha hecho en Cuba desde José Martí a Gertrudis Gómez de Avellaneda.

«Yo tuve la suerte de tener una gran abuela, muy anticastrista, y un padre preso durante cinco años, que no fue una suerte para él, pero a mí me abrió los ojos muy temprano. Tuve la suerte de tener una abuela que también me abrió los ojos desde niña. Y atendí más a mi abuela que a Granma (juego de palabras).

«Cuando salí de Cuba la primera vez tenía 23 años, fue acompañando a mi primer esposo Manuel Pereira, ahí descubrí el mundo, y todas las mentiras que nos habían contado.

«Cuando salí de Cuba definitivamente, la segunda vez tuve que aprender la verdadera historia de Cuba, yo tenía 34 años. Leer a Leví Marrero, los capítulos censurados de Fernando Portuondo, toda la historia censurada, y me di cuenta que mi abuela tenía razón en todo lo que me había querido enseñar de la historia de Cuba.

«Nunca me he arrepentido de mi exilio, siento que la libertad la aprendí en Francia, y en España aprendí a ser persona, porque fue España quien me dio primero que nadie la nacionalidad.

«De mi obra puedo hablar de La nada cotidiana, hay un antes y un después de esa novela, aunque me hayan querido silenciar tanto tirios como troyanos, en Te di la vida entera también abarco siete décadas de la historia de Cuba, hasta los años noventa, La Ficción Fidel, es el libro más directamente político, los anteriores son novela.

«De los escritores actuales que yo recomendaría están Juan Abreu, José Abreu Felippe, Luis de la Paz, Carlos Victoria, Yanitzia Canetti, Antonio Ricardo Valle, entre otros, y por supuesto, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Lydia Cabrera, Lezama, Sarduy, de los de siempre, de toda la vida».

Dónde encontrar «Malditos bastardos» (España)

Portada_Malditosbastardos

Amigos, amigas, gracias a la página «Todos tus libros» os paso el enlace de las librerías en España donde se puede adquirir el primer número de la Clección G.

http://www.todostuslibros.com/libros/malditos-bastardos_978-84-95037-83-1

Deciros que particularmente en Madrid, la librería Rafael Alberti (calle Tutor 57, Moncloa) tiene varios ejemplares disponibles. Otras librerías céntricas donde también disponen de él son: La Central, Casa del Libro, además de muchas pequeñas como Tres rosas amarillas.

En el mes de febrero tenemos asegurados 2 envíos, uno a Managua, Nicaragua, y otro a La Habana. También estamos negociando otro a Honduras. Para los casos de Managua y Tegucigalpa confiamos en poder llegar a acuerdos para la venta de «Malditos bastardos» en las librerías más importantes de ambas ciudades.

Os seguiremos informando…

08 Legna

Mensaje a las amigas y amigos cubanos de la diáspora (con motivo de «Malditos bastardos»

Banner (con logo de Colección G.)

Amigos y amigas cubanos y de otras tierras con estrechas relaciones con la isla nos han estado escribiendo para preguntar cómo conseguir el primer libro de la Colección G.

Por el momento el único medio con el cual contamos es el envío postal, mediante el catálogo de Ediciones La Palma: http://www.edicioneslapalma.com/novedades/200/Malditos-bastardos

Desde hace algún tiempo estamos buscando distribuidores para USA y América Latina (por cierto que nuestra amiga Gina fue la primera en solicitar el libro desde Miami). Esperamos que, para 2015, los libros de La Palma puedan estar en las librerías de más países.

portada

Fragmento (i) de Amado del Pino con motivo de la presentación de «Malditos bastardos»

Amado

Dicen que traducir es ya reinvertar una obra. En el caso de la transcripción de los testimonios, como es el caso que nos ocupa, diría que acompañamos al orador, quitando y poniendo palabras que no fueron dichas, uniendo frases que sonaron separadas. En el caso particular de Amado, por su verbo locuaz y vastísima cultura, esta labor es particularmente compleja, sobre todo ahora que nos hemos reencontrado en Madrid después de una década, donde es muy fácil marcar un número de teléfono y pedir explicaciones por tal o cual cosa. Sin embargo, no quiero dejar olvidado, al menos parte, o partes, del discurso de Amado en la Librería Rafael Alberti el pasado día 4. Que lo disfruten.

“…Yendo al título del libro, Malditos bastardos, confieso que me vino a la memoria otras lecturas de otros jóvenes malditos, más en la dramaturgia, que es el mundo en el que me muevo, donde hubo mucho talento pero también mucho provincianismo, muchas vanguardias indigestadas. Sin embargo estos diez chicos son otra cosa. Se trata de una escritura culta, muy internacional, cínica a veces, displicente otras, pero en donde apenas hay experimentalismos gratuitos ni estructuras ilegibles, sino el regreso a una prosa casi clásica -a la que regresaré después-, con muy buena carrera. Coinciden con otros escritores en que desarrollan su carrera en otros géneros, principalmente la novela, algunos con importantes premios, como Ahmel Echevarría, que es vecino mío de columna en Cuba contemporánea, una revista digital que les recomiendo leer. Y yo me preguntaba, cuando leía el libro en mi casa: ¿bastardos en relación a qué, dentro de la tradición literaria cubana? Mayoritariamente es obvio en la negación expresa de una épica larga y retórica que muchos escritores abrazaron, aunque otros no, claro. Me refiero a esa escritura característica de los milicianos heroicos donde los burgueses eran los malos de la película y había que sacarles del juego, aunque lo que estaba mal era principalmente la escritura. Claro que no todos asumieron esto, por ejemplo en los años setenta Miguel Collazo hacía una literatura parecida a esta, pero murió joven, antes de que le dieran el Premio Nacional de Literatura. También me viene a la cabeza Ezequiel Vieta, que hacía una literatura fantástica. Es decir, tampoco fue todo una escritura de milicianos heroicos. Y también estos diez jóvenes de ahora son bastardos en relación a una literatura que hemos leído últimamente, que son los que se dan a conocer a partir del eufemismo -donde los haya-, del llamado periodo especial, donde escritores como Ana Lidia Vega, Ena Lucía Portela, Alberto Guerra, que empezaron a romper con la épica anterior, llenado la literatura de lo que estaba llena la vida: de apagones, de sexo duro, el amor homosexual, de relaciones sin amor, o sea, el jineterismo. Pues estos chamacos, que no tienen todos la misma edad, cosa que me gusta, no quieren seguir en este registro. No hay un apagón, no hay balsas, hay un solo almendrón o carro antiguo, pero está en medio de una carretera cubana, en ese magnífico cuento de Anisley Negrín, Isla al mediodía, con un erotismo muy del siglo xxi, casi xxii, en el que el personaje es una muñeca inflable…”

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Carta de presentación de los maltidos bastardos (y malditas)

00 Gilberto Padilla

Me tocó leer anoche la carta enviada -horas antes del evento- por Gilberto desde La Habana, en donde presentaba a sus bastardos (y bastardas) a la par que transmitía su idea de lo que es (y lo que fue) la literatura cubana del siglo xxi.

Sin duda la apuesta estética de Gilberto y su editorial cubana está rompiendo los moldes (los temas, el ambiente) pero atención, esto es algo es importante: lo está haciendo desde dentro, con personas (bastardas editorialmente) que se concentran en escribir sobre sus fantasmas personales, ignorando el terreno conocido de la jinetera, la maraca, el ron.

Si hay ruptura o simplemente reacomodamiento vital y estético -como nos dio a entender Amado del Pino también anoche- es algo que está por verse. Y sobre todo algo que vamos a ver desde la Colección G. de Ediciones La Palma próximamente, cuando vayan saliendo de la imprenta los volúmenes monográficos de los bastardos (y bastardas).

Lo que sí creo que deja patente la lectura de este libro es lo siguiente: más allá de los temas u objetos de interés, la creación literaria cubana de la actualidad ha roto fronteras, quiero decir que está dejando de mirarse el ombligo (algo que ha hecho con mucho talento en numerosas ocasiones y que le ha brindado una identidad densa). No solo discurre en La Habana y en NYC, sino que los referentes culturales, incluso la intertextualidad, pertenecen a la cultura universal y, por qué no reconocerlo, a la norteamericana con particular vehemencia.

Para no extenderme más, ya que la idea es presentar un extracto de las palabras de Gilberto, les dejo con él a continuación (no dejen de fijarse en la fecha de escritura de la carta):

Portada_Malditosbastardos

«…Imaginemos, por un momento, que escribimos ese libro en Cuba. Imaginemos la literatura cubana contemporánea como uno de esos departamentos llenos de cuerpos destrozados, suciedad y mal olor. A estos diez Malditos bastardos habría que leerlos desde esa habitación. Es posible que ahí esté el secreto de este libro: en la profanación de las letras cubanas. Amputar a Zoé Valdés, a Pedro Juan Gutiérrez, a Leonardo Padura (que juntos suenan como un bufete de abogados implacables). Porque las editoriales extranjeras han contribuido a una especie de autismo insular, como si la literatura cubana fuera una creación de Anagrama, de Tusquets, de Planeta.

Para averiguar qué provoca un volumen como Malditos bastardos tal vez sirva pensar en la pregunta que nos hacemos después de leerlo. Y esa pregunta no es: ¿qué quiere decir?, sino: ¿qué pasó? Es decir: la misma pregunta que nos hacemos después de un crimen, un delito, una infracción. Porque el verdadero escándalo de estos diez narradores antologados consiste en atentar contra el principio de realidad de “lo cubano”. Lisiar la verdadera plaga de balseros, jineteras y Otelos que salen cada día a contagiar a la narrativa como su ébola. Como si la literatura cubana contemporánea fuera un parque temático, una atracción especial, una reserva natural: ¡Visiten este país disfuncional! –dice la copla– ¡Concédanse el estremecimiento de la cuban experience!

Pero a la vez que esto ocurre, comienza a saberse de la existencia de autores que se rebelan, a principios del siglo XXI, contra esa suerte de estética venérea. Nacidos generalmente en los umbrales de la década de los ochenta, para ellos el contexto de “lo cubano” constituye un mero dato anecdótico, un desafío, más que un mecanismo de legitimación. Autores que no pertenecen al panteón de las grandes editoriales, y por esa única razón no figuran en la alfombra roja del mercado mundial. Diez neuróticos gourmet que decidieron fundar una tradición que fuera distinta. Para ellos, esa Cuba de vademécums –como la de las guías turísticas de Christopher P. Baker o la que reproducen los aparatos ideológicos del Estado (AIE)– es el espejo del vampiro: un sitio donde no se ven reflejados, esto es: un no-lugar, un muro…»

La Habana, 4 de diciembre de 2014

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Presentado el número 0 de la Colección G.

Presentación 3

En la noche de ayer, el número 0 «Malditos bastardos» de la Colección G., fue presentada en la Librería Rafael Alberti de Madrid. Frente al público se sentaron Amado del Pino, Alfredo Lima e Ignacio Rodríguez.

presentación 3 b

Amado del Pino disertó sobre los nuevos presupuestos estéticos de las escritoras y escritores antologados, analizando los relatos desde su atenta lectura y relacionándolos con otros autores insulares consagrados y la cultura cubana en general.

Alfredo 2

Alfredo Lima dramatizó uno de los relatos del volumen de «Malditos bastardos», escogido por Amado del Pino a causa de su dramaturgia, en este caso de Legna Rodríguez: «La planificación», que dice…

«...a esta altura de su vida, la muchacha manca con­tinuaba enamorada de La Reina de La Prosperidad, pero La Reina de La Prosperidad había contraído matrimonio tres años y medio antes con La Mariposa Monarca y ambas vivían en México bajo el imperio de las pirámides. Otro daño irreparable: continuar ena­morada de alguien que ya construyó un hogar en el cual la muchacha manca no teñía ni daba color. Desde los doce años, la muchacha manca tenía una mariposa tatuada en su brazo izquierdo…»

Gilberto Padilla presentó a sus diez malditos bastardos desde La Habana, en un escrito transgresor que fue aplaudido por los presentes. Él no estuvo físicamente pero…

«…Para averiguar qué provoca un volumen como Malditos bastardos tal vez sirva pensar en la pregunta que nos hacemos después de leerlo. Y esa pregunta no es: ¿qué quiere decir?, sino: ¿qué pasó? Es decir: la misma pregunta que nos hacemos después de un crimen, un delito, una infracción. Porque el verdadero escándalo de estos diez narradores antologados consiste en atentar contra el principio de realidad de “lo cubano”. Lisiar la verdadera plaga de balseros, jineteras y Otelos que salen cada día a contagiar a la narrativa como su ébola. Como si la literatura cubana contemporánea fuera un parque temático, una atracción especial, una reserva natural: ¡Visiten este país disfuncional! –dice la copla– ¡Concédanse el estremecimiento de la cuban experience!..»

Para el cierre del evento tuvimos la suerte de contar con la presencia del trovador David Henríquez, quien interpretó una canción inspirada en La Habana, perdón, en La Lisa.

David Henríquez

«Malditos bastardos»: En las librerías de España y venta por catálogo

 

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El número 0 de la Colección G «Malditos bastardos» inicia su andadura por las librerías de España esta semana, con motivo de su presentanción en la Librería Rafael Alberti de Madrid.

La primera edición del número 0 consta de 800 ejemplares y puede conseguirse con un precio rebajado vía correo postal en la web de Ediciones La Palma.

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