Esta noche Leonardo Padura presentó su libro de relatos «Aquello estaba deseando ocurrir» en la librería Rafael Alberti de Madrid. Lamentablemente habló más un contertulio español que el propio Leonardo, invitándole a hablar de Hemingway, de sus pintores favoritos, y de la capital de Cuba, temas sin duda apasionantes si no fuera por el extenso prólogo del introductor.
En medio de la conversación, y pese a ridiculizar Padura a un presentador portugués tras preguntarle por Fidel Castro en la televisión hace unos días, él mismo se metió en la arena política con el asunto del «resablecimiento de las relaciones», demostrando que todo cubano necesita hablar de lo Único (que no es el sexo ni siquiera la pelota).
También es entendible: hablar de literatura cubana te lleva a hablar de La Habana, hablar de La Habana te lleva a hablar de su ruina, y hablar de la ruina de La Habana te lleva a hablar del futuro y hablar del futuro de La Habana… ¿Tengo que seguir?
Después de comprar el libro me puse en la cola de las firmas, en el último lugar. Varias señoras jubiladas o a punto de hacerlo habían recabado su autógrafo entre laudatorios comentarios que Padura parecía escuchar con indulgencia y algo de sueño. Aunque no había descartado por entero pedirle que me firmara el libro, aquello terminó de convencerme de que no debía repetir el ritual.
Cuando llegué a la mesa donde firmaba alejé su libro de su alcance y le pedí permiso para regalarle un par de libros a él: «Mural de poesía cubana», recién salido de la imprenta como homenaje a la poesía «clásica» insular; y por supuesto»Malditos bastardos», que ediciones La Palma editó el pasado año en España sobre nueva narrativa cubana.
Padura, según él mismo afirma, desconoce en gran medida (ver el artículo «Cuba song» de Ignacio Echevarría) lo relacionado con la nueva creación literaria en la isla. El motivo es comprensible: lo reducido del tiempo humano. Revisó los libros haciendo alguna pregunta (el cuidador de la edición de «Mural de poesía cubana» es uno de sus editores en la isla). Al final se mostró un poco más frío. Imagino que el descubrimieno de la alusión a su persona en la portada de «Malditos bastardos» fuera la causante del repliegue de su inicial apertura, al generarle dudas sobre mis intenciones. Pero aseguro que eran amistosas.
Cuando salí de la librería vi que Padura cogía los libros de la mesa. Espero saber algún día qué piensa Padura de los malditos bastardos de G. y del homenaje poético insular, para él seguramente tan antiguo.



La puerta del estudio de Padura llama la atención de Mendiño. Una plancha en la que hay escrita una leyenda. Tiene que entrecerrar los ojos para leer: “Le pido a Dios que nadie venga a quitarme el tiempo”. Oportuno suena un claxon. Desde un auto alquilado, el Conde y Chinolope avisan de su presencia. Padura ve a los visitantes entre tres y dos, se levanta, abre la puerta y educadamente se despide.
—Montalbán dijo una vez algo que llevo a rajatabla. Ni un día sin una linea. Volved cuando queráis.
En la calle el viento sigue fuerte. Parece que estén soplando el Cumbanchero tubas, trombones y trompetas. Suben al carro Tonia y Mendiño. Conde, al volante, informa.
—¿Cómo están?…Tenemos algo que les puede interesar. Un jubilado de la dirección general de inteligencia nos espera en el barrio chino. nos habló de la operación 88, un dispositivo en España para secuestrar a Batista. Duró tres años. Lo suspendieron cuando el objetivo cantó el manisero en Marbella de muerte natural. Participaron seis agentes, cinco hombres y una mujer. Pueden preguntar lo que quieran, es compadre. Habrá que darle algo por las molestias. https://todoloquesesobrepepecarvalho.blogspot.com/